sábado, 7 de diciembre de 2019

Ñeñe-ku-ñeke (ñuñe-ken-jarro)

Fondo de ojo de voyeur
 ¿Qué significa ese título? Es un pequeño secreto mío, un tanto vergonzante, que prefiero que siga siendo secreto. Como siempre que publico mis trabajos de fotografía editada digitalmente, me gusta poner un título enigmático para llamar la atención de los cuatro gatos que me leen.

Con tal de no ver TV
Esta imagen (que ya tiene unos añitos) consigue lo que yo busco, que es asombrarme a mí mismo. ¿Que por qué no publico en Instagram? Porque aborrezco las redes sociales. ¿Por qué? Porque todo el mundo habla de ellas, convencidos de que es lo máximo que hay en el mundo, pero en realidad son una trampa cazabobos. Me parece que detrás de ellas hay la intención de homogeneizar y controlar a los incautos que siguen lo primero que se pone de moda. No comparto plenamente las conspiranoias del movimiento anti-tecnología, pero sus argumentos están ahí. También odio los teléfonos llamados "inteligentes", esas láminas diseñadas para caerse y quebrarse y que nadie se atreve a sacar en la calle para que no se las roben. En mi opinión el celular mejor diseñado sigue siendo aquel Motorola inspirado en las cajitas con tapa que integraban comunicadores y armas láser usados por los tripulantes del Star Trek original (aquel de finales de los sesenta).

El ojo del dinosaurio
Quiero que mis últimos trabajos estén en la "nube", pero no en las redes sociales, esas cloacas llenas de chismes, insultos y frivolidades. Disfrútenlos, mis cuatro fieles gatos lectores.

Algunos personajes coloridos
Se me dañó la batería de la cámara, y un teléfono que me habían prestado se me cayó y se inutilizó su touch-screen. Es decir, soy un fotógrafo sin cámara. Con la edición digital, sin embargo, aprovecho mi archivo fotográfico para hacer estos pseudo-collages.

Maraña pa ti
Apropiándome de unos videos, obtuve estas imágenes que me recordaron una etapa de mi adolescencia durante la cual me apasioné por el voyeurismo. Era, como decía Rabelais, un libidinosuelo rústico, paralizado en el fondo por la timidez.

Reve du voyeur
Qué tiempos aquellos... lo digo sin nostalgia. Sigo siendo un inmaduro. Pero es que después de la madurez sólo queda la podredumbre. Mejor es permanecer en estado "pintón". A riesgo de que me llamen "viejo verde".

Voyeur deconstruido
Y para terminar, las manos. "Tengo una gran torpeza manual, y lo deploro". Y también: "La mano que escribe vale igual que la mano que ara. ¡Qué siglo de manos! Yo nunca tendré mano. Después, la domesticidad lleva demasiado lejos".

Quirurgia
Hasta la vista. Nos vemos en el café Els Quatre Gats. O en Armando el Cafetín, allá en Caño Amarillo, donde pronto tendremos el Bar del Mono Pancho.

Personajes en ocre y rojo


domingo, 1 de diciembre de 2019

Epicuro y mi derecho a la pereza

Siempre estoy diciendo que Epicuro es mi filósofo griego favorito. Ahora por fin me decido a rescatar este resumen de su pensamiento que escribí creo que en 2009. En aquel entonces trabajaba en la Universidad Católica Santa Rosa, cuya sede en Sabana del Blanco es uno de los sitios más agradables de nuestra Caracas. Pretendía que este artículo me lo publicaran en la revista de la mencionada universidad, pero lamentablemente (para ellos) me echaron a patadas poco después...

Patio central de la U. C. Santa Rosa

En vez de revivir cualquier resentimiento, prefiero seguir fiel a las enseñanzas de Epicuro, que con toda su aspiración a la serenidad era un tipo sumamente polémico, enfrentado a las tres grandes escuelas filosóficas de su tiempo: platónicos, peripatéticos y estoicos; y a todos los prejuicios e injusticias de la sociedad griega de entonces, como espero mostrar en el siguiente escrito. Quiero hacer como él: buscar mi propio camino, sintetizar y elevar como en un Aufhebung hegeliano lo que me gusta y me interesa de las enseñanzas de otros.

Sostengo que si la filosofía tiene algún valor es como guía para buscar la felicidad. No puedo avalar filosofías de la angustia y el miedo a la muerte, como el existencialismo; ni pirotecnias verbales como la fenomenología; ni reduccionismos y descalificaciones a priori como el positivismo lógico. Una de las cosas que más admiro de Epicuro es precisamente su desprecio por la terminología complicada, la retórica y los sofismas; aunque eso precisamente lo convierte en un filósofo poco atractivo para los académicos, que siempre andan buscando giros y sutilezas del lenguaje, o sea, aire caliente (palabras) para hacer sus verbosas (e inútiles) tesis. Por otra parte, el llamado Filósofo del Jardín (aunque en realidad era una huerta organopónica, adelantada a su época - Epicuro también es pionero del pensamiento ecológico) ofrecía convincentes reflexiones para aliviar los mayores temores del ser humano. Además, enseñaba que la filosofía era la más agradable de las actividades, ya que daba placer por sí misma, sin necesidad de esperar a recoger ninguna cosecha.



Epicuro: una filosofía ecuménica y liberadora
Epicurus: an ecumenical and liberating philosophy
Pedro Leonardo González
RESUMEN
La filosofía de Epicuro es ecuménica, porque fue la primera que, en vez de encerrarse en los límites de la polis griega (que había quedado reducida a un mero municipio dentro de un vasto imperio), buscaba adeptos en todas las regiones conquistadas por Alejandro. Es igualitaria porque explícitamente incluyó a mujeres, bárbaros y esclavos. Es hedonista porque enseñaba el verdadero placer catastemático, y cómo éste se equilibra con el dolor. Es pacifista porque proponía el aislamiento político como medio para protegerse de las constantes guerras de la época. Pero sobre todo es liberadora, porque su meta definitiva era  liberar al hombre del miedo y la ignorancia.
PALABRAS CLAVE: Epicuro, filosofía helenista, placer catastemático.

ABSTRACT
Epicurus’ philosophy is ecumenical, for it was the first one not exclusively limited to the Greek polis (now a mere department within a much larger Empire), and sought followers in the regions conquered by Alexander. It is egalitarian, since it explicitly included women, barbarians and slaves. It is hedonist, since it showed what true, katastematic pleasure was, and how it could be balanced with pain. It is pacifist because it preached political aislationism as a means of protection against the constant wars of the time. But above all it is liberating because its ultimate goal was to free man from fear and ignorance.
KEY WORDS: Epicurus, helenistic philosophy, katastematic pleasure. 

Busto de Epicuro en la Biblioteca Nacional de Nápoles


Introducción
Después de alcanzar sucesivamente con Sócrates, Platón y Aristóteles las cimas más elevadas de su historia, es natural que la filosofía griega clásica entrara en un período de decadencia. Es lo que dice Marx en su tesis doctoral (1841): “nada tiene de sorprendente el que la filosofía griega, tras su florecimiento sumo en Aristóteles, se marchitara. Sólo que la muerte de los héroes se parece al ocaso de un sol, y no al reventar de una rana inflada” (Marx, ed. de 1997; p. 23). En efecto, no sería justo ni exacto decir que las escuelas filosóficas sucesoras de la gran tradición clásica, denominadas “helenísticas” o “alejandrinas,” sean el “final gris” de una mala tragedia (lo cual se decía frecuentemente en la época de Marx). Más bien hay que verlas como la proyección del espíritu de la antigua Grecia sobre la naciente civilización romana, destinada a ser su auténtica heredera histórica. Por eso Marx, lejos de considerar a epicúreos, estoicos y escépticos como “un apéndice extemporáneo, sin relación alguna con sus potentes predecesores,” asegura que son “los tipos originales del espíritu romano,” dignos representantes de “la figura de Grecia al peregrinar a Roma” (p. 24).

Karl Marx joven

            En este crepúsculo histórico de la Grecia clásica se destaca la figura de Epicuro como exponente de una filosofía que no sólo fue capaz de sintetizar todo el pensamiento precedente, sino también de insertarse en el nuevo mundo cosmopolita surgido a consecuencia de las conquistas de Alejandro Magno de Macedonia. En los siglos siguientes, el epicureismo también gozaría de amplia aceptación en el mundo romano, como lo demuestra el colosal poema de Lucrecio, De Rerum Natura, el cual, según Farrington (1968, p. 186), no sólo fue el texto en lengua latina más importante de su tiempo, sino que “sigue siendo, según la opinión general, el mayor poema filosófico del mundo.” Finalmente, conviviría, se asimilaría y ejercería una gran influencia sobre la nueva religión destinada a prevalecer en todo el Imperio Romano: el Cristianismo, a su vez una poderosa síntesis de elementos religiosos y filosóficos del Oriente y de Grecia. Como bien lo dice N. W. DeWitt (1964; p. 64) en su exhaustivo estudio: la obra de Epicuro representa “nada menos que la síntesis de la física que los jonios cultivaron, pero descuidando la ética, con la ética que Sócrates y Platón cultivaron, pero descuidando la física.”

El Helenismo, universalización de la cultura griega
El tiempo de vida de Epicuro coincide con la destrucción del modelo de la ciudad-estado, que tal vez fue el mayor orgullo de los griegos, pero también a fin de cuentas el mayor obstáculo para su unidad nacional; cuya ausencia facilitó la conquista macedónica. En las nuevas condiciones, los griegos estaban sometidos a un amo que, si bien compartía con ellos lengua y cultura, seguía siendo visto como un bárbaro. El descontento y la sensación de derrota eran generalizados. Era el fin de una civilización y el nacimiento de otra: la helenística.

La marcha triunfal de Alejandro Magno, que apenas duró una docena de años, supuso para el oriente de la cuenca mediterránea una verdadera revolución. Por primera y última vez, el poderío de las armas griegas había unificado bajo una férula única un inmenso territorio que se extendía desde Macedonia hasta el Punjab y desde el sur de Egipto hasta el actual Afganistán. Los conquistadores, aunque perdieran rápidamente la unidad política y se dividieran en diversos reinos, lograron asentarse en casi todo el ámbito conquistado por Alejandro, y formaron sobre las poblaciones indígenas subyugadas una superestructura militar, política, económica y cultural que habría de permanecer siglos enteros… La cultura de la polis griega, hasta el momento cerrada en el ágora y en sus murallas, se extiende por territorios sin barreras y se hace casi universal, gracias a una educación común, ocupando casi todo el mundo conocido y habitado (oikoumene, en gr.) (Piñero, 1989; p. 7).

La batalla de Issos
                La palabra oikoumene (de la cual se deriva nuestro término “ecuménico”) significa exactamente eso: “todo el mundo conocido y habitado” para aquel momento histórico, sobre el cual la cultura griega ahora predominaba. Por su parte, la lengua griega evolucionaba hacia la koiné, la lengua común que unía a numerosos pueblos profundamente diferentes entre sí. El griego siguió siendo la lingua franca del Medio Oriente por milenios. Ni siquiera el latín imperial pudo desplazarlo.

Amigos que “viven ocultamente”
A diferencia de Platón, Epicuro nació pobre, aunque recibió cierta educación (era hijo de un maestro de escuela, figura socialmente desdeñada). Su familia, de origen ateniense, se había visto obligada a emigrar a una colonia agrícola en la isla de Samos, patria de Pitágoras, donde nació Epicuro. La vida de un colono o klerújos era bastante dura, sometida a los vaivenes de las constantes guerras de entonces, que para el hombre común sólo traían sufrimientos y carencias de todo tipo. Por otro lado, con la desaparición de la polis, la libre participación del ciudadano en la vida pública era imposible. Para enfrentar estas realidades, la filosofía epicúrea se aparta de sus antecesoras platónico-aristotélicas y se concentra en el individuo al margen (o más allá) del estado; en contraste con el ideal clásico del ciudadano, que identifica la ética con la política. “El hombre epicúreo es como una ciudad asediada que se encierra dentro de sus muros” (Daraky y R.-Dherbey, 1996; p. 59).
            Durante aquella “espantosa gestación del mundo helenístico… siempre bajo la amenaza de la hambruna” (Ibíd., p. 7), Epicuro predicaba el apoliticismo, o más exactamente, la no participación en el servicio público (leitourgía). Es interesante señalar que lo que Epicuro propugnaba equivalía a no colaborar con una forma de gobierno que para los griegos era, ni más ni menos, una ocupación militar.

El ideal político epicúreo se sintetiza en la máxima “Vive ocultamente” (láthe biósas). Como dice el fragmento 552 de Usener: “Los epicúreos huyen de la política como daño y destrucción de la vida dichosa.” Sustituyendo a la política, la amistad o philía universal, más preciosa que la misma sabiduría, es el único nexo que mantiene unidos a los miembros de la escuela epicúrea. Sin embargo, aunque el Sabio propone el placer y la amistad como fines y bienes supremos, no deja de ser básicamente un asceta, en la tradición de Sócrates y de Diógenes de Sínope; cuya sabiduría consistía en minimizar sus necesidades y atenderlas con la mayor simplicidad posible. En una aparente paradoja, “la moral del placer desemboca en un frugal ascetismo, y la universalidad de la amistad epicúrea acaba reduciéndose al marco de un retirado jardín” (García y Acosta, 1973; p. 83). Sin embargo, Epicuro llegó a ser tan popular que, como recuerda Diógenes Laercio, “su patria… lo honró con estatuas de bronce; sus amigos… eran en tan gran número que ya no cabían en las ciudades.” Lejos de ser un movimiento aislado, su escuela “permanece sin interrupción de maestros a discípulos, cuando todas las otras han acabado” (D. L. X, 6) [1].
           
Placer, virtud, temor, libertad y fatalidad
En palabras del gran Francisco de Quevedo, autor de una Defensa de Epicuro Contra la Común Opinión (ed. de 1997; p. 5), “Epicuro puso la felicidad en el deleite, y el deleite en la virtud.” Epicuro concordaba con Aristipo el Cirenaico en que la sabiduría consistía, no en abstenerse del placer, sino en dominarlo para que no nos envilezca (D. L. II, 75); pero se diferenciaba de aquél en el concepto mismo de placer. Para Epicuro, el verdadero placer era el catastemático, o inmóvil; es decir, un estado que consiste en una simple ausencia de dolor y turbación (aponía). El verdadero placer era no tener sed, no tener hambre, no tener frío. Aquí se oponía a tanto a los cirenaicos como al Platón del Filebo, que niega que pueda existir placer sino en el movimiento indispensable para obtener la katástasis o restauración de un estado doloroso (comer cuando se tiene hambre, beber cuando se tiene sed). Para Epicuro, el placer era el resultado o katastéma, y no la acción que lleva a él (García y Acosta, 1973; p. 32).
      Por otro lado, la teoría epicúrea del mundo físico es una adaptación con pocos cambios del atomismo de Demócrito. A pesar de la importancia de la física en su doctrina, el interés principal de Epicuro, más que ofrecer una explicación científica de la naturaleza, es fundamentar su teoría ética, cuyo propósito es eliminar el temor a los dioses y a la muerte por medio de una actitud racional y calculadora hacia el placer y el dolor (el llamado tetrafármaco). Su intención era “proporcionar una visión conjunta de la naturaleza que permitiese la tranquilidad del ánimo y ayudara a liberar el espíritu humano de los terrores supersticiosos ante los prodigios impresionantes de la naturaleza, en los que Demócrito había visto una de las causas de la religión” (García y Acosta, 1973; p. 211-212). 

Demócrito muerto de la risa
Como a Sócrates, a Epicuro le parece ocioso ocuparse del origen y la formación de este mundo (o de los infinitos mundos que según él existían). Acepta la teoría atómica sólo porque le parece suficientemente plausible. Pero lo único que realmente le interesa es el sufrido hombre de su época, esclavizado por el miedo. Por eso, hasta en la física dejaba un margen para la libertad, “pues sería mejor aceptar la fábula popular sobre los dioses que ser esclavo de la Fatalidad de los fisiólogos” (D. L. X, 134).

Igualitarismo, ataraxia y posible orientalismo
También como consecuencia de la destrucción de la civilización de la polis, el epicureismo fue la primera doctrina filosófica griega que no se dirigía exclusivamente al ciudadano griego. Por eso DeWitt (1964, p. 26) dice que fue la primera “filosofía misionera,” que buscaba adeptos de todas las nacionalidades y condiciones sociales. Era una doctrina para griegos y bárbaros, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, amos y esclavos por igual; unidos todos por el amor, el afecto y la amistad mutuos. Cabe señalar que mujeres, bárbaros y esclavos eran los grupos más discriminados en la sociedad griega, antes y después de Alejandro.
La felicidad consistía en la suspensión de toda ansiedad, la ausencia de perturbación, la calma perfecta: la ataraxia. Es posible hallar similitudes de esta doctrina con el budismo y otras religiones orientales, pues la definición epicúrea del ascetismo parecía “conducir a una especie de aniquilación de la persona, análoga al nirvana búdico” (Festugière, 1963; p. 26). De hecho, fue durante las conquistas de Alejandro cuando ocurrieron los primeros contactos entre hindúes y griegos, quienes llamaron a los ascetas hindúes “gimnosofistas,” o sea, sabios desnudos (Plutarco, ed. de 1970; p. 97). Sin embargo, Festugière (1963, p. 26) opina que la noción de “extinguir en sí mismo todos los deseos… tornarse indiferente a todos los móviles de la actividad humana,” es un “camino de vida” que “siempre ha repugnado al alma occidental, singularmente al alma griega” y “no presenta con la doctrina epicúrea sino analogías de superficie” (Ibíd.). A pesar de esta opinión, expresada por uno de los mayores conocedores de Epicuro, no es difícil encontrar muchas importantes semejanzas entre las doctrinas del sabio del jardín y el pensamiento oriental. 

Fakir indio en una cama de clavos
Por supuesto, también es evidente la filiación de Epicuro con las grandes corrientes del pensamiento griego. Algunas raíces del epicureismo pueden hallarse sin duda en la Ética Nicomáquea de Aristóteles (ed. de 1999), que dedica dos libros completos a la amistad: “Cuando los hombres son amigos, no hay necesidad de justicia… la más perfecta expresión de la justicia es la amistad… la amistad no es sólo un medio, sino un fin… En resumen, identificamos el bien con la amistad.” (1115a) También en el Estagirita hallamos la noción, defendida posteriormente por Epicuro, de que los dioses son indiferentes hacia los asuntos humanos: “¿No parecerá ridículo ver a los dioses haciendo contratos, devolviendo depósitos y otras cosas semejantes? etc.” (1178b). El cálculo del placer aparece en 1105a: “todo el estudio de la virtud y la política está en relación con el placer y el dolor, puesto que quien se sirve bien de ellos, será bueno, y quien se sirva mal, será malo.”

El epicureismo en Roma
Es natural que una filosofía tan amable como la de Epicuro tuviera numerosos seguidores, primero en el ámbito helenista, y luego entre los romanos. Aunque autores griegos como Plutarco, de creencias platónicas, y latinos como Cicerón, influenciado por los estoicos, fueron duros críticos del epicureismo, éste a su vez fue defendido por figuras igualmente ilustres, como los poetas Horacio (quien dijo de sí mismo que era “un cerdo de la piara epicúrea”) y Juvenal. También Epicuro es citado por Séneca (a pesar de ser éste también estoico) en 20 de sus epístolas: “todas las veces que necesita de socorro en las materias morales que escribe... Séneca habla de Epicuro con suma veneración… Más frecuente es Epicuro en las obras de Séneca que Sócrates y Platón y Aristóteles y Zenón” (Quevedo, ed. de 1997; p. 18).
Pero la mejor expresión de la importancia del movimiento en Roma es el ya mencionado poema de Tito Lucrecio Caro, monumento de las letras latinas; que se inicia con una alabanza al fundador, ese “varón griego” que se rebeló contra la religión, el fanatismo y “las fábulas de los dioses:”

No intimidó a este hombre señalado
La fama de los dioses, ni sus rayos,
Ni del cielo el colérico murmullo.
(…)
Por lo que el fanatismo envilecido
A su voz es hallado con desprecio;
¡Nos iguala a los dioses la victoria! (Lucrecio, ed. de 2007; 100-110)

David Sedley (citado por Clay, 2000), de Cambridge, ha propuesto que Lucrecio utilizó una obra ahora perdida de Epicuro (Peri Physeós o “Sobre la Naturaleza”) como base doctrinaria para sustentar De Rerum Natura. Curiosamente, el poema fue editado por un enemigo del epicureismo, el mismísimo Cicerón.
            Dice Farrington (1968, p. 190) que la razón de la antipatía que muchos en Grecia y en Roma sentían hacia el epicureismo era su negativa a usar la religión como instrumento político: “El gobernar era para los romanos lo que la filosofía había sido para los griegos,” y tanto unos como otros sostenían que la religión era el mejor medio para “impresionar a las masas… (y) llenar de miedo su imaginación.” Esta práctica de manipular políticamente al vulgo por medio de la religión era aprobada tanto por platónicos como por peripatéticos y estoicos, y todos ellos consideraban subversiva la posición epicúrea de “participar en el ritual estatal, pero (sin) permitir que (éste) afecte a su religión interior.” Los epicúreos, que participaban en el culto socialmente aceptado, pero sin renunciar a sus propias convicciones privadas, eran vistos por los fundamentalistas como unos infiltrados. 

Un cerdo de la piara epicúrea
     
Epicuro y el cristianismo
La aparición del cristianismo significó la fusión definitiva de la filosofía griega con la teología hebraica, después de siglos de estrecha convivencia. Quizás el primer episodio de este fenómeno fue la traducción de la Torá hebrea al griego koiné por los legendarios Setenta, en Alejandría. Esto permitió que los gentiles conocieran las Escrituras judaicas bajo nombres griegos (Biblia, Pentateuco, etc.). De cualquier modo, los nuevos amos europeos que reemplazaban a los sátrapas de los antiguos imperios asiáticos tenían costumbres que podían parecer escandalosas a los pueblos sometidos. El libro de los Macabeos (I, 1-42) relata justamente un enfrentamiento entre el pueblo judío y las autoridades helenísticas, motivado por la construcción de un gimnasio al estilo griego en Jerusalén, a la que habían seguido violaciones al código judío tan graves como “la restitución de los prepucios,” que los guardianes de la ortodoxia no pudieron soportar.
Para bien o para mal, la fusión cultural y religiosa se dio a la larga; y un personaje tan cosmopolita como el apóstol Pablo, judío de lengua griega y ciudadano romano, aparece como el mayor representante de ella. También es indudable que Pablo estaba familiarizado con las doctrinas epicúreas y estoicas que prevalecían en la época. En su obra St. Paul and Epicurus, DeWitt (1954, p. 2) llega a decir que San Pablo reconoció los grandes méritos de la ética epicúrea, y que la adoptó, otorgándole el rango de doctrina religiosa; pero sin admitir su deuda con Epicuro, cuyos reputados materialismo y hedonismo lo hacían aparecer al criterio cristiano como un pagano pecaminoso de la peor especie. Pero ni el materialismo de Epicuro lo hacía ateo, ni los placeres que buscaba eran los placeres de la carne, y un espíritu esclarecido como Pablo ha debido reconocer esto. 

San Pablo en Atenas
DeWitt (1954) propone una clave para descubrir los principios epicúreos ocultos en los escritos de San Pablo. Se puede concordar con él en que el ecumenismo, el igualitarismo, la prédica del amor y la paz, la preferencia por el estilo epistolar, la práctica de reunirse en residencias privadas y el aislacionismo político eran características que compartían los epicúreos con los primeros cristianos. Pero a un cristiano (y de hecho, al practicante de cualquier religión) le sería imposible aceptar la idea, central al epicureismo, de que los dioses son indiferentes a lo que ocurre en el mundo de los hombres. Tampoco podría aceptar el atomismo, y mucho menos la idea de que el alma, compuesta de átomos al igual que el cuerpo, desaparece por completo después de la muerte. En efecto, el dogma cristiano de la resurrección de la carne, defendido por Pablo en su discusión con los filósofos griegos en el areópago de Atenas (Hechos, XVII, 16-34), es irreconciliable no sólo con la filosofía de Epicuro, sino con la de cualquier otro pensador griego. Pitagóricos y platónicos, por el contrario, preferían creer en la reencarnación.
No obstante, es innegable que existen ecos, no sólo de Epicuro, sino de muchos otros filósofos griegos, en los escritos doctrinarios cristianos: los hay de Platón en el Sermón de la Montaña; de Heráclito y de los estoicos en la tesis del lógos hecho carne; de Sócrates en su injusta condena y su entrega al sacrificio, que anticipa el de Cristo. En conclusión, puede decirse que no sólo el epicureismo, sino también toda la filosofía griega, encuentran su culminación en el Cristianismo, al que ayudaron a dar forma y profundidad.

BIBLIOGRAFIA
Aristóteles (Ed. de 1999). Ética Nicomáquea. Gredos, Madrid.
Clay, Diskin (2000). “Recovering Originals: Peri Physeos and De Rerum Natura (A Review of David Sedley, Lucretius and the Transformation of Greek Wisdom).” En: Apeiron, Vol. XXXIII Nro. 3, Sept. 2000.
Daraki, María y Romeyer-Dherbey, Gilbert (1996). El Mundo Helenístico: Cínicos, Estoicos y Epicúreos. Akal, Madrid.
DeWitt, Norman Wentworth (1964). Epicurus and his Philosophy. University of Minnesota Press, Minneapolis.
DeWitt, Norman Wentworth (1954). St. Paul and Epicurus. Originally published by the University of Minnesota Press in 1954 (copyright expired). Epicurus_info E texts. 
Diógenes Laercio (Ed. de 1985). Vidas de los más Ilustres Filósofos Griegos. Traducido del griego por José Ortiz y Sainz. Orbis, Barcelona.
Farrington, Benjamin (1968). La Rebelión de Epicuro. Ediciones de Cultura Popular, Barcelona.
Festugière, A.- J. (1963). Epicuro y sus Dioses. Eudeba, Buenos Aires.
García Gual, Carlos y Acosta, Eduardo (1974). Epicuro. Ética. La Génesis de una Moral Utilitaria. Barral, Barcelona.
Marx, Carlos (Ed. de 1997). Diferencia entre la Filosofía de la Naturaleza según Demócrito y según Epicuro. Traducción directa del alemán por J. D. García Bacca. UCV, Dirección de Cultura, Caracas.
Piñero Sáenz, Antonio (1989). La Civilización Helenística. Historia del Mundo Antiguo Akal, Vol. 35. Akal, Madrid.
Plutarco (Ed. de 1970). Alejandro y César. Traducido por Carles Riba. Salvat, Barcelona.
Quevedo, Francisco de (ed. de 1996). Defensa de Epicuro contra la Común Opinión. Tecnos, Madrid.
Tito Lucrecio Caro (ed. de 2007). De la Naturaleza de las Cosas. Traducción del latín de José Marchena. El Perro y la Rana, Caracas.
Sagrada Biblia. Versión Nácar-Colunga (1988). Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid.



[1] D. L.: Diógenes Laercio.
 



sábado, 30 de noviembre de 2019

Axel y los cínicos

Amparándome en mi derecho a la pereza, reaparezco tras varios meses de ausencia, para aprovecharme del trabajo de una de mis estudiantes, que me ha enviado una pieza estupenda que merece llegar a mis millones de lectores. Se trata de Axel Sivira y su tema es la escuela cínica,  injustamente relegada al semi-olvido porque la respetabilidad de los profesores de filosofía se siente ofendida por la exuberante irreverencia de estos verdaderos filósofos, que tomaban el riesgo de vivir de acuerdo a sus ideas en vez de plegarse al conformismo de ser meros funcionarios que cobran quince y último.

Diógenes en la Escuela de Atenas

Quizás el único detalle que Axel no menciona explícitamente es que la estridente postura contestaria de los cínicos está indisolublemente ligada al sentimiento de humillación de la "auténtica" cultura griega como consecuencia de la conquista macedónica. Filipo primero y luego Alejandro sometieron a toda Grecia a su hegemonía, con lo cual la tendencia a la balcanización propia del sistema político de la polis o ciudad estado griega quedó enterrada para siempre, y por primera vez Grecia empezó a verse a sí misma como un estado nacional integrado, aunque sólo fuera como una provincia más en el inmenso imperio de Alejandro.

Moneda con la imagen de Alejandro

El de Alejandro fue, como yo siempre digo, el Primer Imperio de la Raza Blanca Europea. Y Alejandro fue el modelo que luego quisieron seguir los grandes conquistadores que vendrían después (César, Napoleón, Hitler, etc.). A pesar de no ser griegos autóctonos, los macedonios propiciaron la diseminación de la cultura griega por el oriente del Mediterráneo y el Asia Menor hasta la India. A partir de entonces la lengua griega modificada se volvió la lingua franca de toda esa área.

Hay otro detallito que Axel no menciona, y es mi anécdota favorita de Diógenes, la cual me permite hacer un pequeño comentario al margen. Cuando Diógenes Laercio pone a Platón en su biografía de Diógenes de Sínope (alias el Cínico) comete un anacronismo, ya que Platón habría muerto años antes de que apareciera Alejandro y los otros personajes de esta historia (fecha de la muerte de Platón: 347 AC. Alejandro nace en el 356 AC... o sea que Alejandro era un niño al morir Platón). Pero lo interesante es la anécdota: Platón (o quizás los platónicos) buscando una definición del hombre llegaron a decir que era un bípedo implume. Al oír esto, nuestro Diógenes buscó un pollo (muerto, supongo), le arrancó las plumas y se lo lanzó a los platónicos diciendo: he aquí el hombre de Platón. A raíz de esto, los platónicos decidieron cambiar su definición: el hombre era un bípedo implume de uña ancha.


 Para finalizar este preámbulo, quisiera mencionar otra escuela también desdeñada por las academias: los hedonistas "duros" que seguían a Aristipo de Cirene. Ciertamente, la idea platónica de despreciar al cuerpo, que no era más que una prisión del alma, y la noción que luego retomarían los estoicos (y los cristianos) de la nobleza del sufrimiento y la necesidad de atormentarse, están radicalmente opuestas a la idea de una filosofía del placer. Como siempre, encuentro que Epicuro fue el único que pudo lograr una síntesis realmente inteligente entre estas nociones. No sólo de la ética socrática y el hedonismo, sino del materialismo democríteo y el idealismo platónico... y bien, basta de prólogos y pasemos a leer y disfrutar el excelente ensayo de Axel.


CÍNICOS
Por Axel Sivira

 El pensamiento del período helenístico suele interpretarse como una gran neblina que cubre el mejor paisaje luego de un hermoso día soleado. Este período no ha recibido la atención que se merece, durante siglos se le tuvo como un estado de resaca filosófica, debido a la concepción de que la filosofía había alcanzado su punto máximo, la cumbre del saber con el pensamiento de Platón, las investigaciones de Aristóteles, y por tanto, ya no habría más que descubrir, inventar o cuestionar. Es así como se creyó que las escuelas filosóficas del período helenístico: cínica, epicúrea, estoica y escéptica, se volcarían por el camino opuesto a la senda de los máximos pensadores. Más allá de esta interpretación sobre la filosofía de este periodo, existen pruebas de que la filosofía helenística tiene gran actualidad y pertinencia en nuestra cultura, e incluso sus nombres forman parte de nuestro vocabulario: estoico, epicúreo, cínico y escéptico, estos conceptos definen tipos humanos que cualquier persona sabe reconocer. Cabe mencionar que el uso que se les da a estos conceptos es diferente a la fiel formulación de las doctrinas originales, pero se podría decir lo mismo de otras expresiones tomadas de la filosofía que son utilizadas comúnmente, como es el caso de lo que se conoce por amor platónico, que no será lo mismo que se encuentra en los diálogos de Platón. Es por esto que podemos decir que lo que la academia ha despreciado durante tanto tiempo, resulta tener en estos tiempos una vigencia muy superior para una persona común y corriente, que las grandes y aparatosas teorías de la antigüedad clásica
En el inicio del período helenístico (finales de siglo IV a.C.) existieron varios movimientos filosóficos que se declaraban descendientes de Sócrates, y entre estos socráticos estaban los cínicos. Esta palabra hoy se utiliza como un insulto de tipo moral, y si nos vamos al origen de la palabra observaremos que proviene del “griego κυνικός: relativo o semejante al perro; por ejemplo, Cinosargo, mausoleo del perro… (Los Cínicos son) representantes de una escuela filosófica de la antigua Grecia, seguidores de Antístenes... Los cínicos expresaban la mentalidad de las capas democráticas de la sociedad esclavista. Entendían que la base de la felicidad y de la virtud se encontraba en el desdén por las normas sociales, en la renuncia a la riqueza, a la gloria, a todas las satisfacciones de los sentidos”. (Diccionario filosófico, 1965:66)
Los cínicos buscaban un modo de vida que les permitiera ser autosuficientes para no depender de los demás, ni estar sometidos a necesidades evitables. Al igual que Sócrates, poseían una voluntad reformista deseando: “incidir en la sociedad ateniense para liberarla de falsas creencias y mitos, de convencionalismos estereotipados y de estructuras de poder tan interiorizadas por las conciencias individuales que ya pasaban desapercibidas para todo el mundo” (Filosofía Helenística, 2015). Este espíritu reformista de Sócrates se puede observar en la siguiente cita:
Yo digo que no sé nada —proseguía luego Sócrates— porque en realidad todos mis conocimientos son triviales, sólo útiles para salir del paso o entretenerme. Pero me falta saber lo más importante de todo, lo único imprescindible: cómo se debe vivir. ¿De qué me sirve saber cómo hacer esto o aquello si ignoro qué hacer con mi propia vida? Sería igual que estar muy orgulloso de lo bien que sé andar y hasta de lo mucho que puedo correr… pero sin tener ni idea de dónde vengo ni hacia dónde me conviene dirigir mis pasos. A mis conciudadanos atenienses creo que les pasa lo mismo que a mí, que tampoco saben cómo debe vivirse. Hacen lo que ven hacer a los demás, pero sin saber en el fondo si es bueno o malo. Ni siquiera piensan por sí mismos sobre este asunto, se conforman con repetir lo que hicieron sus padres y sus abuelos; otros prefieren imitar a los más ricos — ¡ah, por algo serán ricos! — o a los más fanfarrones y brutos, confundiendo su bravuconería con ser de veras enérgico y fuerte. Algunos siguen su capricho de cada momento y hacen sólo lo que les apetece: ahora como y bebo hasta hartarme, luego me echo a dormir y no me preocupo de qué pasará mañana. Y todos están muy contentos consigo mismos y se las dan de listos. (Historia de la filosofía sin temor ni temblor, 2011)

Es así como ante el espíritu reaccionario de la sociedad ateniense, su forma de pensar, de actuar y vivir, los cínicos respondían a su corrupción y degeneración diciendo que se debía volver a la naturaleza, llevar una vida sencilla libre de aspiraciones nocivas y frustrantes impuestas por una educación perversa y una fuerte presión social. Expresaban que las riquezas, todo tipo de bienes materiales, prestigio, honor, aceptación social, son ilusiones que no pueden más que precipitar a abismos de desolación. Todo lo que no sea lo natural, lo imprescindible, con lo que una persona nace, conduce a la frustración y al dolor. Todo este rechazo a las convenciones de la sociedad se traducía en la aspiración a vivir según la verdadera naturaleza humana, que no excluye la racionalidad. Con respecto a lo antes mencionado Anthony A. Long expone: 
Según Diógenes, el hombre solo necesita disciplina propia, física y mental, para realizarse plenamente y vivir conforme a la naturaleza (D. L., VI. 24- 70). Las cosas convencionalmente consideradas como bienes —propiedades, atractivo físico, posición social— son irrelevantes, incluso enemigas del bienestar humano (D. L, VI, 72). La verdadera felicidad no puede tener nada que ver con algo que no resista la pregunta: « ¿Responde esto a mi naturaleza como ser racional?» Es difícil saber exactamente qué entendía Diógenes por razón, logos, pero a mi juicio era la phronesis, sabiduría práctica. Defendía un tipo de vida en que un hombre obre de manera que lo que de veras es valioso para él, su bienestar interior, no pueda ser afectado por juicios convencionales, sociales y morales, ni por cambios de fortuna; solo así se alcanza la verdadera libertad (D. L., VII, 71). Una vida como esta sería natural, en el sentido de que no requiere nada aparte de unas mínimas exigencias físicas del mundo exterior. Una vida como ésta sería natural, en el sentido de que no requiere nada aparte de unas mínimas exigencias físicas del mundo exterior. En este punto se percibe la referencia de los cínicos a la conducta de los hombres primitivos y de los animales. La vida de estos también es natural, puesto que la razón es una capacidad humana innata que trasciende las fronteras culturales y geográficas. Diógenes rechazaba todas las teorías sobre el bienestar humano que no pudieran compartir todos los sabios, de toda condición étnica y social. (Filosofía Helenística, 2015)



Los cínicos eran pensadores callejeros que filosofaban viviendo y actuando, se enfrentaban a la sociedad molestando tanto como podían, a veces con groserías, chistes y sarcasmos. Se dieron a conocer no sólo por su desvergüenza o groserías, provocaciones o irreverencia, sino también por su espíritu subversivo, por su enfrentamiento a las convenciones falsas y a la refinada hipocresía de la civilización, por sus performances, composición de sátiras y discursos contra los males y la corrupción de la sociedad. Los más conocidos fueron Antístenes (445-366), Diógenes de Sínope (c. 410- 323), Crates de Tebas (c. 368-c. 283) y su esposa Hiparquia. 
Antístenes fue un sabio austero y solitario, con una confianza radical en el ser humano individual y una desconfianza total hacia las instituciones de cualquier clase. Fue uno de los filósofos más relevantes de su época, discípulo de Sócrates, y tuvo a su vez una influencia decisiva en algunas de las escuelas que se formaron en este periodo, tanto por sus teorías como por su actitud y su forma de vida. Es considerado precursor de la escuela cínica a través de Diógenes y de Crates, y de la escuela estoica a través de otro de sus seguidores, Zenón de Citio. Participó en la batalla de Tanagra, su padre fue un ciudadano ateniense y su madre una esclava tracia, este mestizaje le impedía conseguir la ciudadanía ateniense. 

Antístenes apaleando a Diógenes para que deje de fastidiarlo
Comenzó en la filosofía como discípulo del famoso sofista Gorgias. En este mismo tiempo se inició también en los misterios órficos. Se cuenta como anécdota que cuando se inició en estos ritos y oyó al sacerdote decir que los iniciados gozaban de grandes dones en el ultramundo, le preguntó cáusticamente por qué no se moría de inmediato. Sin embargo, su principal aprendizaje fue con Sócrates, de quien se hizo discípulo y amigo hasta la muerte de éste. Un buen día Antístenes decidió prescindir de todo lo superfluo y fundar su propia escuela. Lo hizo en un gimnasio en las afueras de Atenas llamado cinosarges, que quiere decir el perro blanco (perro raudo o veloz, según otras versiones), dando lugar a la duda de si de esta circunstancia derivaba el nombre de la escuela cínica. El cambio radical se manifiesta también externamente, al vestir con un manto, un zurrón y un bastón, indumentaria que se convierte en el uniforme del cínico. Prescinde de una manera decisiva de todo lo que no puede llevar encima, con la intención de librarse de los caprichos de la fortuna y regir su propio destino. 
El objetivo es alcanzar la felicidad y esto se consigue si uno depende sólo de sí mismo. Lo fundamental es la independencia de todo condicionamiento exterior, la autosuficiencia, que puede aprenderse pero que requiere un esfuerzo. Las leyes establecidas, las convenciones sociales no eran para este sabio, que como todos los cínicos despreciaba las normas, las instituciones, las costumbres y todo lo que representa una atadura para el hombre. Predicaba una vuelta a la naturaleza como revulsivo a la domesticación social y cultural que se imponía en las ciudades. 
Discípulos de Antístenes:
a) Diógenes nació en Sínope, ciudad del Ponto, año 414 a.C. Su padre fue condenado y murió en la cárcel por monedero falso; y como Diógenes hubiese sido cómplice de su padre en la fabricación de la moneda, se dirigió a Atenas huyendo de la justicia. Antístenes, que al principio no quiso recibirle en su escuela, y hasta empleó la violencia y los golpes para apartarle de su lado, le admitió por fin, en vista de su insistencia. Después de llamar la atención de los atenienses con su vida y costumbres verdaderamente cínicas, y después de entretener los ocios y la hilaridad de aquéllos con sus extravagancias por espacio de bastantes años, se halló reducido a la condición de esclavo, no se sabe cómo ni por qué. Vendido a Xeniades de Corinto, permaneció en su casa hasta que murió de edad avanzada. Según algunos, su muerte fue voluntaria, a consecuencia de haber retenido violentamente la respiración; según otros, tuvo lugar a consecuencia de haber comido un pie crudo de buey. Xeniades, noble y rico ciudadano de Corinto, le confió la educación de sus hijos, cuya adhesión supo ganarse, así como la admiración de los corintios, que honraron su memoria con estatuas después de su muerte. Se le atribuyen algunas frases como: «Los oradores ponen grande estudio en hablar bien, pero no en obrar bien.» «Se pone cuidado en robustecer el cuerpo por medio de ejercicios corporales, pero nadie se cuida de robustecer el alma por medio de la virtud.» «Rico ignorante, carnero con vellón de oro.» La figura de Diógenes enseguida pasó a ser una leyenda de provocación y la imagen del sabio cínico por excelencia, de aspecto descuidado, burlón y sarcástico. Su forma de vida perruna, su estilo agresivo, su comportamiento siempre en confrontación, son su sello personal.


Vivía en un tonel, buscaba a plena luz del día con un candil, nada menos que al hombre; se masturbaba en público, comía carne cruda. Si alguien es el prototipo del trasgresor, ese es Diógenes de Sínope. Desde sus comienzos en Atenas mostró un carácter apasionado, llegando Platón a decir de él que era un Sócrates que se había vuelto loco. Pone en práctica de una manera radical las teorías de su maestro Antístenes. Lleva al extremo la libertad de palabra, su dedicación es criticar y denunciar todo aquello que limita al hombre, en particular las instituciones. Propone una nueva valoración frente a la tradicional y se enfrenta constantemente a las normas sociales. Se considera cosmopolita, en cualquier parte se encuentra el cínico como en su casa y reconoce esto mismo en los demás, por tanto, el mundo es de todos. La leyenda cuenta que se deshizo de todo lo que no era indispensable, incluso abandonó su escudilla cuando vio que un muchacho bebía agua en el hueco de las manos. Conoció a algunos de los filósofos y gobernantes de la época. Se cuenta la anécdota de que estando un día en las afueras de Corinto, se le acercó Alejandro Magno y ofreció concederle lo que quisiera, a lo que el filósofo respondió simplemente: “apártate a un lado que me quitas el sol”. 
b) Crates, natural de Tebas, fue el discípulo principal de Diógenes, a la vez que el continuador de la doctrina y modo de vida de los cínicos, si bien su carácter y sus acciones no presentan la exageración cínica de Diógenes. A pesar de su deformidad y pobreza, la ateniense Hiparquia, notable por su belleza, concibió una violenta pasión por Crates, con el cual se casó y vivió una vida perfectamente cínica, y hasta enseñando también de palabra y por escrito la filosofía de su marido. El mérito principal del filósofo de Tebas es haber sido maestro de Zenón, con el cual y por el cual el cinismo se transformaría en estoicismo. Como todos los cínicos predicaba la autarquía y la sencillez dando ejemplo con su vida y sus actos, y aunque de estilo menos agresivo que sus predecesores, su actitud es la misma que los demás. Para Crates, la filosofía le libera de su esclavitud externa, en cuanto a la familia, la propiedad o las costumbres sociales, y le libera también de la esclavitud interna de sus opiniones, manteniendo su radical libertad individual. Para conseguir vivir felizmente, es suficiente con lo mínimo, es esencial la frugalidad y la distancia con las instituciones y las leyes. Pretendía propagar los principios de Diógenes, de una manera atractiva, y así probablemente consiguió llegar a una audiencia bastante amplia. Protagonizó uno de los escándalos más curiosos de la filosofía antigua: su historia de amor con Hiparquia, filósofa cínica como él.

c) Metrocles e Hiparquia de Maronea fueron dos hermanos que provenían de una familia rica de Maronea. Metrocles tuvo desde muy temprano inquietudes filosóficas y gracias a que tenía bastante dinero pudo dedicarse a ello sin problemas. Fue discípulo de Teofrasto y luego también de Jenócrates. Pero no se sintió satisfecho hasta que encontró a Crates y se hizo discípulo suyo, abandonando sus pertenencias. Fue conocido como un experto en la anécdota breve, con ánimo de memorizar y utilizar como guía. Su hermana Hiparquia conoció a Crates, del que se enamoró, y en contra de las normas sociales de la época, mantuvo con él una relación cínica. Hiparquia aparece como una de las pocas mujeres filósofas.
d) Onesícrito de Astipalea Su vida transcurrió aproximadamente entre los años -380 a -300. Fue otro de los discípulos importantes de Diógenes y el más viajero. Acompañó a Alejandro Magno en una expedición a la India, donde entró en contacto con los gimnosofistas hindúes, a los que define como sabios o santones medio desnudos a los que comparó con los cínicos griegos. Su vida no fue la de un auténtico cínico al estilo de sus predecesores, pero su actitud y propagación del cinismo hicieron que Diógenes Laercio le incluyera en su libro y su nombre figura en cualquier lista de cínicos. 
e) Otros cínicos menos conocidos
Diogenes Laercio aún menciona a otros tres filósofos en la lista de cínicos y a los que trata más brevemente: Mónimo de Siracusa, que fue discípulo de Diógenes; Menipo de Gadara, discípulo de Crates; Menedemo de Lampsaco y dos más en otras partes de su libro: Bión de Borístenes (-335 a -245) que fue vendido como esclavo, y acabó en Atenas estudiando filosofía con Crates; y Estilpón de Megara (-360 a -280) que pasó por la escuela cínica (es probable que fuera alumno de Diógenes) y acabó fundando su propia escuela: la megárica. De los filósofos posteriores a Diógenes, solo destacaremos a Luciano de Samosata, que fue una mezcla de cínico y de epicúreo, escribió numerosas obras, casi todas de carácter satírico, así como diálogos en algunos de los cuales intervienen filósofos cínicos. 
El término cínico es una de esas nociones que han ido perdiendo su significado original hasta transformarse en algo distinto. Tanto es así que hay algunas propuestas para usar los términos quínico o kínico, con el fin de diferenciar claramente el concepto de cínico en su sentido original del que se usa hoy en día, es decir, diferenciar en concepto de cínico en sentido filosófico, de su sentido popular. Los cínicos tienen como máximas: 
La virtud sola basta para la felicidad; que quien la posee no tiene que desear más que el valor; que consiste siempre en acciones y nunca en palabras; que toda ciencia y arte son inútiles; que el filósofo debe acomodarse a las leyes de la naturaleza y no a las de los hombres, y que siendo solamente él capaz de distinguir lo que merece alguna afección, si trata de casarse debe escoger una mujer digna de su amor para reproducirse en sus hijos. Pero esta última máxima no tardó en caer en desuso entre sus sectarios, quienes prefiriendo el título de cosmopolitas al de ciudadanos, sacudieron la dependencia consiguiente a los vínculos del himeneo y justificaron el nombre de cínicos (en griego perros) que caracterizaba perfectamente la impudicia de que hacían alarde. «Dáseles este nombre, dice Ammonio, antiguo comentador de Aristóteles, a causa de la libertad de sus expresiones y de su amor por la verdad; pues se nota que el instinto del perro tiene algo de filosófico y que le sirve para distinguir a los hombres, ladrando a los extraños y acariciando a los de la casa. Los cínicos de la propia manera acogen y acarician la virtud, y a los que la practican, en tanto que reprueban las pasiones y vituperan a los que se entregan a ellas, aunque estén sentados en un trono.» (Enciclopedia Moderna Madrid 1851 tomo 8 columnas 665-668) 

Daraki y Romeyer-Dherbey. Cínicos, estoicos y epicúreosAkal, Madrid, 1996, p. 9

Los cínicos consideran que la forma de vivir es parte fundamental en la filosofía e inseparable de su manera de pensar, proponen una vida conforme a la naturaleza, tomando a los animales como ejemplo de autosuficiencia. Los animales tienen pocas necesidades y se adaptan rápidamente a la situación en que se encuentran. La imperturbabilidad (apatheia) es el ideal del sabio cínico, que vive alejado de todo lo que le produce perturbación o angustia y es capaz de adaptarse con indiferencia a las circunstancias. El cosmopolitismo cínico está relacionado con la libertad de no pertenecer a ningún país, ni estar obligado por las leyes. Adoptan un estilo de vida que representa su independencia y proclaman la necesidad de autosuficiencia (autarkeia) para conseguirla. Pero para lograr esta autosuficiencia es preciso vivir de una manera sencilla, con deseos que puedan ser satisfechos fácilmente y con las únicas pertenencias que uno pudiera "salvar en caso de naufragio". 
El cinismo es una de las manifestaciones más radicales de la filosofía y también de las más incomprendidas. El sabio cínico considera que para alcanzar la felicidad es necesario la libertad, el desapego. Los cínicos no estaban dispuestos a conceder que la felicidad dependiera de cuestiones ajenas a sí mismos, la libertad está en el centro de la forma de pensar cínica y se refiere a la libertad de acción y a la libertad de expresión, y libertad frente a todo aquello que pueda esclavizarle. 
J.A Cardona explica que si en la actualidad el conocimiento de la filosofía antigua estuviera más extendido, sin duda se tendría por descendientes de los cínicos a los miembros de la tribu urbana llamados perroflautas, jóvenes que se niegan a pasar por el aro del sistema capitalista, que optan por procurarse la existencia mediante la exhibición de juegos de malabares o escupe fuegos y sus interpretaciones de flautas, siempre van desaliñados y harapientos, con el pelo en rastas sucias y acompañados de un fiel perro. Los cínicos también recuerdan los mejores tiempos del surrealismo parisiense del siglo pasado, y los clochards o indigentes son ahora uno de los atractivos turísticos de esta ciudad.

Clochard parisino

 Podríamos concluir que los cínicos fueron un montón de outsiders que llevaron una vida que ligaba sus acciones a lo que profesaban, como ejemplos de su filosofía de vida. Es por esto que podemos decir que el cinismo sigue vigente en nuestra época, tal vez no tan marcado como Antístenes y su garrote, o quizás un Diógenes y su tonel, pero sí en ese espíritu contestatario e inconforme al sistema de una sociedad hipócrita, capitalista y consumista, en ese desear poco y de lo que tienes desear menos, en el desapego a los bienes materiales, en la autosuficiencia, en la imperturbabilidad, en la libertad como centro de la forma de pensar, libertad ante lo que pueda esclavizarte, la felicidad conseguida solo a través de sí mismo, en el robustecer el alma por medio de la virtud, en esos grandes performances y sátiras que realizaban como provocación a la sociedad para que escuchara, viera y así reflexionara. 
Todo lo antes mencionado sigue vigente y se puede observar heredado por los artistas de teatro callejero, en activistas ecológicos, en personas con ideología de izquierda, en algunos cristianos, en artistas de la calle, en personas diferentes, y como principio cosmopolita ha traspasado las fronteras de Atenas para llegar a todas partes del mundo. Esta filosofía un poco escatológica que ha evolucionado con el pasar de los siglos no la han adquirido muchos ciudadanos del mundo, quizás sigan siendo tan pocos como los cínicos del siglo IV a.C., pero es un hecho que atrae a los curiosos aunque sea para repudiarla y que el cinismo que ha sido poco comprendido, poco valorado, ridiculizado, ignorado y que ha tratado de ser vetado por la academia, después de tantos siglos sigue más vivo que nunca en todos los outsiders que la predican con el ejemplo.

BIBLIOGRAFIA

Cínicos (2019) Página web. http//www.cinicos.com.
Diccionario filosófico (1965). Libro Electrónico.
Enciclopedia Moderna Madrid tomo 8 (1851). Libro Electrónico.
Fernando Savater (2011). Historia de la filosofía sin temor ni temblor. Libro Electrónico.
J. A. Cardona (2015). Filosofía Helenística. Libro Electrónico.
Johannes Hirschberger (1954). Geschichte der Philosophie. Libro Electrónico.
Zeferino González (1986). Historia de la Filosofía. Libro Electrónico