viernes, 21 de diciembre de 2018

La profecía escrita en el muro



Saludos, mis pacientes lectores. Mi modem tiene como dos meses fundido y los chinos no han traido los repuestos. Tal vez están retenidos en el Canal de Panamá. Esta entrada la estoy colocando desde una computadora prestada por mi amiga Rosa Chávez, bellísima persona.
Una vez más escribo sobre cosas que he leído. El tema me parece interesante: ¿Están relacionados el arte y la religión? Intimamente, pienso yo. Primero fue el arte, que nos distingue de los monos, y luego vino la religión. Para muchos, el arte es una religión. Y todos los creadores de religiones exitosas saben que la religión es un arte... y un tremendo negocio. Porque el temor más grande que siente el ser humano es el de la muerte, seguido por el de la sexualidad. Y siempre necesita un guía paternal o maternal, un amparo o refugio uterino contra su miedo. Por otra parte, la clave del éxito de la religión es su irracionalidad. Tan irracional como el mundo mismo. Un personaje de una película de Buñuel (La vía láctea) decía: "Mi odio a la ciencia y mi horror por la tecnología me han llevado a esta absurda creencia en Dios."
Yo pienso como Blake: los poetas descubrieron el misterio, que viene a ser lo mismo que los dioses. ¿Un dios o muchos? Todo sale de la unidad y todo vuelve a ella. En fin, detrás de la acción de crear los mitos (la mitopoyésis) vinieron los organizadores de la religión y la idea del control social...
Pero lo mismo pasa con el arte: los artistas trabajan, luego los que no son artistas adoran al creador y su creación, y vienen los críticos a decir qué debe gustarnos, y los dealers a hacer negocio, etc. Es un movimiento similar. En fin, ahí les mando esta reflexión para terminar el año. Salud y felicidad.




BALANCE HISTORIOGRÁFICO
Pedro Leonardo González Silva
Título tentativo de la investigación:
EL FUNDAMENTALISMO RELIGIOSO NORTEAMERICANO: EVOLUCIÓN DESDE SUS RAÍCES CALVINISTAS Y PENETRACIÓN E INFLUENCIA POLÍTICA EN LATINOAMÉRICA Y EN VENEZUELA
Bibliografía básica:
·         Acosta, Vladimir. El monstruo y sus entrañas. Un estudio crítico de la sociedad estadounidense. Editorial Galac, Caracas, 2017.
o    Bloom, Harold. La religión en EE.UU.
o    Armstrong, Karen. Los orígenes del fundamentalismo en el judaísmo, el cristianismo y el islam.
o    Galtung, Johan. Fundamentalismo en EE.UU: fundamentos teológico-políticos de la política exterior norteamericana.
o    Scowen, Peter. El libro negro de América.
·         Ayerra Moreno, Jacinto. Los protestantes en Venezuela: quiénes son, qué hacen. Ediciones Trípode, Caracas, 1980.
·         Ríos Troconis, Asdrúbal. Presencia evangélica venezolana en la política

Introducción
Han pasado apenas unos meses desde que ingresé en este programa de doctorado. Previamente conversé con varias personas allegadas respecto al tema que iba a tratar en mi futura “tesis de grado”, como se le llama tradicionalmente. Una de ellas fue mi hermano, Humberto González, quien me sugirió un tema familiar que de un modo u otro nos ha
Humberto disfrazado de Betancourt
perseguido desde la niñez: las dos prisiones que sufrió nuestro padre en su vida, primero en los años cuarenta, durante el gobierno de Isaías Medina; y luego en 1956-58, en los peores momentos del perezjimenismo. Siempre he creído que estos eventos y su trasfondo racista y clasista son emblemáticos del tipo de injusticias que se cometían en aquellos años, y por ello merecen ser rescatados del olvido donde nuestra —lamentable— amnesia histórica colectiva los ha arrojado.
Después de las inscripciones, el Centro Nacional de Historia nos hizo llegar una serie de libros a modo de lectura introductoria. Entre ellos, hallé un texto que me pareció muy pertinente para la idea que me había sugerido Humberto: me refiero al artículo La historia desde abajo, de Jim Sharpe, incluido en la compilación Formas de hacer historia, editada por Peter Burke. Antes o después de leer el artículo me tropecé (en el libro Para comprender la historia de Juan Brom, también enviado por el CNH) con el famoso poema de Bertold Brecht, Preguntas de un obrero que lee, donde este novedoso enfoque sirve de fundamento para esbozar una épica del “hombre común”.
Considerando que no soy un historiador profesional (lo que en mi opinión es más una ventaja que una desventaja, por cierto) enseguida mordí el anzuelo y quise unir lo útil con lo agradable: desde luego, la historia de mi padre es historia desde abajo si es que tal cosa existe. Ahora bien, me ocurre como a un pintor que aún está aprendiendo su oficio y que, al tropezarse con las complejidades e intrincaciones del arte contemporáneo, se siente tentado a hacer experimentos: a ese novicio habría que recomendarle tener paciencia hasta dominar plenamente los rudimentos del oficio. Como bisoño historiador, en vez de lanzarme de una vez por el camino de una radical innovación como es la historia desde abajo, quizás debería antes pulirme practicando un poco de historia desde arriba… Para ello era necesario que interviniera la inspiración, ya que, como dice Marc Bloch, “la historia tiene indudablemente sus propios goces estéticos, que no se parecen a los de ninguna otra disciplina”. Supongo que los temas que terminaré por historiar, más que elegirlos yo a ellos, me elegirán ellos a mí. Y serán los que despierten mi curiosidad y estimulen mi imaginación. 

Mi padre Brígido González leyendo la Urbanidad de Carreño

Conocía a Vladimir Acosta por haberlo visto en algún foro en la UCV y más aún por sus tantas intervenciones en los medios radioeléctricos. Siempre me pareció un polemista ilustre: más que un mero especialista en determinada área, un hombre de amplia cultura y elocuencia. Cuando me tocó escoger la materia electiva que completaría mi carga académica inicial en el CNH, y vi que quedaba un cupo disponible en su materia sobre Estados Unidos, no lo dudé un momento y la inscribí. Ya en la primera clase el tema salió a relucir: el capítulo inicial del voluminoso estudio del profesor Acosta sobre
Vladimir Acosta
el monstruo norteño trataba de las asombrosas peculiaridades de la versión estadounidense de la religión cristiana protestante. Habiendo estudiado hace muchos años en una universidad del estado de Mississippi, sabía por experiencia propia que, a pesar de que EE.UU quiere presentarse a sí mismo como un país moderno y liberal, en realidad es una teocracia fundamentalista, no demasiado diferente de Arabia Saudita (pero eso sí, mucho más hipócrita), donde la religión es una verdadera obsesión colectiva (sobre todo en el sur, aunque lo poco que vi del norte me hace sospechar que no es tan diferente como los mismos norteños creen).
También soy pragmático: con una licenciatura y una maestría ya en mi haber, sé muy bien que la clave para hacer una tesis de grado exitosa y sin mayores traumas es coincidir con la línea de investigación de mi futuro tutor. Esta vez sí creo poder unir lo útil con lo agradable: el tema me fascina, el tutor me cae bien, el libro básico en mi bibliografía es de lectura muy amena (soy un lector hedonista, como decía el gran Borges). Me considero afortunado: he encontrado una veta de oro en mi primer semestre. Desde aquí, pico y pala y paciencia. 

El monstruo y sus entrañas


Este libro de 750 páginas resume 20 años de investigaciones del profesor Acosta sobre la sociedad norteamericana. Está dividido en varias partes, pero concentraré mi atención en la primera, que servirá de guía para el estudio que me propongo hacer. El título general de esta primera parte es “Estados Unidos: sociedad religiosa y fundamentalista” (pp. 25-129), y consta de dos capítulos. El autor comienza por establecer el hecho de que “De todos los países desarrollados modernos, industriales del actual mundo capitalista”, EE.UU es el más atrasado en el sentido de estar absolutamente dominado por “el cristianismo en su versión protestante, puritana, calvinista.” Este dominio se siente principalmente en la región sur del país, el llamado Cinturón Bíblico, que no sólo es la más atrasada, sino también “la más violenta y racista” de toda la nación.
El autor comienza tratando el tema de la separación de la iglesia y el estado, “uno de los mitos fundacionales” de EE.UU. Dicha separación no se ha logrado en ninguna parte del mundo de manera “plena y definida”. Aunque algunos países han logrado alcanzar un cierto grado de laicización, la mayoría preserva legalmente “una religión de estado”, a pesar de los numerosos intentos históricos para revertir esa situación. El primero de estos intentos lo hace el gobierno radical de los jacobinos entre 1792 y 1794, que trató de reemplazar el catolicismo por una religión nacional: el culto a la Razón o al Ser Supremo; pero este proyecto rodó poco después junto con la cabeza de Robespierre. La Revolución Bolchevique de 1917 sí impuso una verdadera separación entre iglesia y estado y se dedicó a perseguir sistemáticamente a la religión cristiana ortodoxa en un intento, “bastante utópico, por cierto, de erradicar la religión”. Esto creó una situación de guerra religiosa interna en el seno de la URSS durante toda su existencia, y fue quizás (aunque el autor no lo dice explícitamente) una de las causas que llevó a la implosión de este experimento socialista en 1991.
Otros intentos en otros países han ocasionado graves conflictos y verdaderas guerras religiosas. En la actualidad puede apreciarse un cierto grado de separación estado-iglesia en muchos países occidentales, aunque la iglesia siempre se las ha arreglado para conservar una buena parte de sus privilegios. De modo que la pretensión estadounidense de haber separado el poder político del religioso desde 1787 es, por decir lo menos, exagerada. De acuerdo a la Constitución, el Estado se define a sí mismo como cristiano y protestante, aunque sin parcializarse por ninguna de las numerosas denominaciones religiosas que ya existían entonces. Y es que una de las consecuencias de la Reforma luterana del siglo XVI fue la proliferación de diferentes iglesias, corrientes y sectas, incluso opuestas entre sí, siendo el odio hacia el catolicismo romano lo único que tenían en común.
Los fundadores de los futuros EE.UU son en su mayoría perseguidos religiosos provenientes sobre todo de Inglaterra, insatisfechos con la religión protestante oficial que finalmente se impone (el anglicanismo) y que ven los territorios de América como un nuevo paraíso terrenal donde podrán realizar en sus propios términos su tan anhelada Alianza con Dios. Pero esta visión de la Tierra Prometida se vería materializada en un régimen racista, autoritario e intolerante, que crecería arrebatándole su territorio a las naciones indias norteamericanas y desarrollando grandes plantaciones agrícolas con mano de obra esclava proveniente de África.
Las trece colonias originarias se rebelan en 1776 contra la metrópolis que estorba su desarrollo económico independiente y pretende reglamentar su expansión. Con la ayuda de potencias rivales como Francia y España, logran derrotar a Inglaterra en 1783 y se reúnen en 1787 para redactar una constitución y crear una república soberana. Las enormes diferencias políticas y religiosas entre las colonias sólo pueden ser solventadas con la creación de un Estado Federal, encargado sobre todo de los asuntos internacionales, que garantiza a cada uno de sus miembros la preservación de sus propios sistemas políticos y absoluta libertad religiosa. Este estado federal no asumía la tendencia religiosa particular de ninguno de sus constituyentes, aunque se autoproclamaba cristiano y protestante (posición reiterada en la Primera Enmienda de 1791). De modo que no se puede decir que hubiera en él una clara separación entre Estado y Religión. Aunque hay que reconocer que para aquel momento la Constitución y el Estado recién formados representaban un enorme avance social y político.
De hecho, el Estado Federal cristiano y protestante es expresión de un pueblo que se siente elegido, bíblico, excepcional; cuyos líderes políticos actúan como líderes religiosos que afirman estar en comunicación directa con Dios. Acosta muestra a presidentes como McKinley, Taft y Truman expresando en diferentes circunstancias la convicción de que EE.UU eran el Nuevo Pueblo Elegido por Dios, el Nuevo Israel Cristiano. Más recientemente, G. W. Bush proclamaba cada vez que podía que las invasiones de Afganistán e Irak y la guerra eterna al terrorismo tenían la bendición de Dios, como si el Presidente de EE.UU fuera en efecto el representante de Dios en la Tierra.
La enorme diversidad de iglesias y tendencias religiosas que existen en EE.UU es un fenómeno único en el mundo. Según datos de 1996, existen 2.150 denominaciones religiosas organizadas en el país. Sin embargo, nos advierte el autor, las estadísticas sobre religión en EE.UU son “incompletas, irregulares y hasta bastante difíciles de obtener”. Junto a los protestantes siempre han convivido musulmanes, judíos y católicos. El catolicismo es la primera religión europea que se instauró en Norteamérica de la mano de colonizadores españoles, situados principalmente en el Sudoeste, en territorios que serían arrebatados a México después de la guerra de 1848. Pero el Nordeste es territorio casi exclusivamente protestante, gracias a las sucesivas oleadas de colonos ingleses llegados desde 1607, la mayoría de ellos disidentes del anglicanismo. 
Demi Moore atormentada por los puritanos en La Letra Escarlata

La tendencia predominante va a ser el puritanismo calvinista, que gradualmente irá dando origen a otras corrientes que buscan adaptarse a las nuevas realidades. Los puritanos son mayoría en la llamada Nueva Inglaterra junto con otros grupos de raíces calvinistas. En Pennsylvania se instalan los menonitas y cuáqueros, fundadores de Filadelfia, donde años después se declararía la independencia. Oleadas sucesivas traen consigo otras tendencias que combinan rasgos puritanos y anabaptistas. El fenómeno de los awakenings o despertares, originario de Inglaterra, empieza a proliferar en el Nuevo Mundo, escindiendo las religiones tradicionales y creando otras nuevas, más autóctonas y dinámicas. A medida que se produce la colonización del Oeste, grupos como los metodistas y bautistas aumentan su influencia.
En este punto de la historia surge un fenómeno religioso calificado como el más importante del siglo XIX en EE.UU: la saga épica de los mormones. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha sido descrita por Harold Bloom como la expresión religiosa más original y auténtica de aquel país. Su apasionante historia comienza con un
Templo Mormón en Las Acacias
personaje que encarna el excepcionalismo estadounidense: el profeta Joseph Smith. Más adelante, al hablar de Harold Bloom, trataré con más detalle la compleja mitología de los mormones. Por ahora basta con decir que fueron expulsados violentamente de todos los lugares donde trataron de establecerse y que su profeta fue asesinado por una banda de intolerantes, convirtiéndose en mártir. Empieza entonces el éxodo de su gente: más de dos mil kilómetros por el salvaje oeste, viviendo las más increíbles aventuras, hasta llegar a su Tierra Prometida en la desértica Utah.
Entretanto, siguen llegando nuevos inmigrantes, la mayoría blancos anglosajones y protestantes (los famosos WASPs), pero también grandes cantidades de europeos católicos: irlandeses, italianos y polacos. Siendo el catolicismo una religión unificada, terminaría por agrupar el mayor número de fieles. Esta aparente paradoja se explica por las muy numerosas divisiones del protestantismo. Si sumamos todos los protestantes, son mucho más que los católicos, pero como religión individual estos son la mayoría, o mejor dicho, la minoría religiosa más grande de EE.UU.
Entretanto, las contradicciones acumuladas desataron una de las guerras civiles más sangrientas de la historia, que estuvo a punto de destruir a EE.UU. El debate sobre la esclavitud fue el eje más visible de este conflicto. Mientras los congregacionalistas y católicos del Sur apoyaban su peculiar institución, los bautistas y metodistas se dividieron, colocándose del lado del abolicionismo en el Norte pero de los terratenientes esclavistas en el Sur. Aunque el tema de la esclavitud de los negros no fue el único que provocó la guerra, la sociedad estadounidense se sumió en un baño de sangre. Al final se impuso el bando más fuerte, pero la discriminación racial, lejos de haberse superado, sigue generando intensos malestares sociales.
El profesor Acosta empieza en este punto una descripción sucinta de las principales corrientes protestantes estadounidenses, casi todas de origen calvinista: los Adventistas, que datan de 1831, con una importante rama derivada: los Adventistas del Séptimo Día (1863). Los Bautistas son la denominación con mayor cantidad de fieles en EE.UU, sobre todo en el sur, donde la Convención Bautista es un referente de poder. Los Metodistas y Presbiterianos son quizás los que han conservado más fielmente la herencia de Calvino.
Los Pentecostales merecen una referencia aparte, entre otras razones porque son los que más influencia tienen en Latinoamérica, donde se dice que el 60% de los evangélicos pertenecen a esa tendencia. Derivados del metodismo, predican una relación directa, extática y emocional con Dios, enfatizando la experiencia del Espíritu Santo. Son dados a espectaculares demostraciones donde se ven fenómenos como la xenoglosia y glosolalia (hablar en lenguas extranjeras) y las curaciones milagrosas. Los movimientos católicos carismáticos también han sido influenciados por este tipo de culto. Más que calvinistas, los pentecostales muestran rasgos de tipo chamánico. 


También merecen mención aparte los Mormones y los Testigos de Jehová porque su mitología y teología se escapan de los típicos esquemas calvinistas para entrar en el gnosticismo y en lo que Bloom denomina “post-cristianismo”. A los mormones los trataré más adelante bajo la innovadora visión de Bloom. Los testigos de Jehová son más genuinamente milenaristas y apocalípticos. Para ellos, la batalla de Armagedón es inminente y llevará al triunfo definitivo de Jehová sobre Satán y el establecimiento del Milenio, los mil años de gobierno divino del mundo que permitirá la exaltación de los 144 mil elegidos. No aceptan la lectura libre de la Biblia, alejándose así de uno de los fundamentos de la Reforma de Lutero. La única interpretación bíblica que aceptan es la que dicta su Cuerpo Gobernante de ancianos. Rechazan la idea de la Trinidad, la existencia del infierno y la inmortalidad del alma. No creen en la divinidad de Jesucristo, el único Dios para ellos es el furibundo Jehová del Antiguo Testamento. Son absolutamente intolerantes de todas las otras religiones y no aceptan el patriotismo ni el servicio militar, lo que les ha valido persecuciones (entre otros de los nazis). A pesar de su extremismo, tienen numerosos seguidores en EE.UU y en todas partes del mundo.
En el segundo capítulo de su libro, Acosta explica por qué, a pesar de que el calvinismo es la mayor influencia sobre el vasto panorama religioso de EE.UU, ninguna de las iglesias lleva explícitamente el nombre “calvinista”. Para resumir la historia, mientras los luteranos se extendieron por el norte de Alemania y los países escandinavos, Calvino, expulsado de Francia, se estableció en Ginebra, donde formó una verdadera dictadura teocrática cuya influencia se expandió por Holanda, Inglaterra, Escocia y otros países. Los calvinistas ingleses fueron llamados puritanos; los escoceses, presbiterianos y congregacionalistas. De estos núcleos calvinistas primigenios se derivarían gradualmente otras denominaciones: bautistas, metodistas, adventistas, etc.
También cabe reseñar la división ocurrida en el calvinismo en el siglo XVII, entre los conservadores intransigentes dirigidos por Francisco Gomarus, y los “reformistas de la reforma”, guiados por Jacobo Arminio, que planteaba la moderación de algunos aspectos de la doctrina original. Estas fueron las semillas calvinistas que originarían las ahora incontables iglesias de EE.UU. El rasgo más destacable de la herencia calvinista es la idea de la predestinación, según la cual Cristo no murió por todos los hombres, sino por un puñado de elegidos desde la eternidad. El libre albedrío no existe: Dios sabe quiénes son sus elegidos y no le debe explicaciones a nadie.
Ahora es el momento de discutir el término fundamentalismo, usado generalmente para calificar (en sentido peyorativo) al islam. Sin embargo, el origen del término debe buscarse en la evolución histórica del protestantismo en EE.UU y el inevitable debate que surgió motivado por las perturbadoras ideas científicas del siglo XIX, sobre todo la teoría de la evolución propuesta por Darwin, que ponía en tela de juicio uno de los principios fundamentales del conservadurismo religioso: la infalibilidad de la Biblia y su carácter de fuente de verdad divina que debía ser observada al pie de la letra, ya que era obra del mismísimo Dios.
Mientras algunos teólogos protestantes moderados trataban de conciliar la ciencia moderna con las enseñanzas de la Biblia —tarea contradictoria en sí misma, ya que el conocimiento científico excluye la creencia y la fe— los ultra-ortodoxos se aferraban a su tradicional intransigencia. Aprovechando el poder político y económico que siempre han tenido en EE.UU, estos conservadores fundaron institutos de estudios bíblicos y aumentaron su influencia sobre las universidades y demás instituciones educativas. Con un inmenso apoyo financiero, lanzan en 1910 una edición masiva de 12 tomos intitulados The Fundamentals: A Testimony of the Truth, donde establecen los principios inamovibles del conservadurismo ortodoxo protestante, que desde entonces empezó a llamarse Fundamentalismo. Este movimiento dirige su considerable poder socio-económico contra el modernismo, el evolucionismo, el ateísmo, pero también el catolicismo y la teología liberal.
El fundamentalismo incrementa su poder político en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial y es la ideología detrás de la Prohibición y la Ley Seca, así como del obsesivo anticomunismo que caracteriza a la llamada Silent Majority de EE.UU. A pesar de haber sufrido reveses notables, como el famoso Juicio del Mono, que frustró sus intenciones de prohibir la enseñanza del evolucionismo en las escuelas, el fundamentalismo se mantiene en la base de toda la política xenófoba, racista, anticomunista y ferozmente conservadora representada por el partido Republicano y grupos supremacistas como el Ku Klux Klan. Sobre todo en los estados del Sur, son mayoría en los gobiernos locales, en las universidades y en los medios de comunicación que van surgiendo poco a poco: primero la radio, luego la televisión. En medio de los movimientos reivindicativos de los años 60 y 70 por los derechos civiles y contra la guerra de Vietnam, los fundamentalistas mantuvieron un núcleo duro e intransigente que llevaría al poder a Nixon y más adelante a Reagan y los Bush.
Quisiera concluir mi resumen de El mostruo y sus entrañas tratando brevemente dos temas: el primero es que los fundamentalistas entendieron perfectamente el poder de los medios masivos de comunicación, sobre todo de la televisión, y desde los años 60 han producido un fenómeno extraordinario: el de los tele-evangelistas, que han logrado un dominio asombroso de los medios, influyendo a incontables millones de adictos a la televisión, primero en EE.UU, y últimamente en el mundo entero. Es preocupante ver cómo crece la influencia de los Graham, Swaggart, Falwell y otros en Latinoamérica y en nuestro país.
El otro tema es la dificultad de acceder a las fuentes que el profesor Acosta utiliza en su libro: de La religión americana de Bloom sólo existe un par de ejemplares en la biblioteca de la Universidad Simón Bolívar, con todas las dificultades que implica el desplazamiento hacia esa institución. Y en ninguna biblioteca pública he podido hallar Los orígenes del fundamentalismo, de Karen Armstrong; ni tampoco El libro negro de América de Peter Scowen. El libro de Johan Galtung no está disponible en la Biblioteca Nacional porque aún no ha sido catalogado. De modo que la investigación se dificulta por obstáculos logísticos que tendré que superar de alguna manera que todavía desconozco. 

Los mormones vistos por Harold Bloom

Joseph Smith, profeta de la Religión Americana

Por las dificultades mencionadas sólo he podido leer el capítulo del libro de Bloom dedicado a los mormones, precisamente el más impactante por la audaz originalidad de sus puntos de vista. Quisiera resumirlo muy brevemente enfatizando dos puntos: (1) el parentesco de la teología mormónica con las tradiciones gnósticas y la cábala judía y (2) el total desconocimiento que de estos temas tan intrincados tienen los actuales mormones de a pie.
La originalidad de Bloom empieza por no querer ser ni historiador, ni antropólogo ni sociólogo, sino algo tan libre como crítico de la religión. ¿Es la religión un género poético? Sin duda, y el crítico literario que es Bloom nos revela al personaje central del drama mormón, el profeta Joseph Smith, como un genio, una personalidad llena de carisma, un visionario con una poderosa imaginación mitopoyética. Tal vez sin tener conocimiento previo de ellas, Joseph revivió la cábala o esoterismo judío y las herejías gnósticas pre-cristianas (y neo-platónicas). Como los gnósticos, Smith creía que Dios no había creado al mundo, ya que era sólo un hombre igual a todos nosotros, exaltado al Cielo sólo para organizar el mundo (como una especie de demiurgo platónico o gran arquitecto masónico). Somos anteriores a la Creación, ya que la Creación equivale a la Caída. Y para que lleguemos a ser dioses, un requisito es practicar la pluralidad de esposas: “Si el Dios de Smith era un hombre de carne y hueso elevado a esa categoría, y el padre literal de Jesús, y el engendrador de inteligencia en muchas esferas, ¿no era entonces ese Dios también un polígamo?”
“Marcados por la gloria y el estigma del matrimonio plural,” los mormones pasaron 40 años viviendo orgullosamente al margen de las leyes puritanas de EE.UU. Finalmente, en 1890, como condición para que el estado de Utah ingresara en la Unión, aceptaron abolir la poligamia. De esta manera los mormones, que habían nacido del puritanismo, regresaron al puritanismo. Fue el precio que tuvieron que pagar para convertirse en uno de los centros de la clase dirigente estadounidense (mucho se habla de su predominio en la CIA y el FBI). Joseph Smith y sus herejías pasaron a ser parte de una gnosis para una élite de iniciados. El mormón de a pie desconoce la epopeya de las guerras mormónicas, sus audaces caravanas por el oeste, sus luchas y pactos con los indios hasta que se establecieron en Salt Lake City, la nueva Sión. Pero la saga de Smith y su pueblo elegido, heroico, perseguido y expulsado de todas partes, polígamo “para no ser adúltero”, resuena en la historia de lo que Bloom llama “la espiritualidad poscristiana” de EE.UU. 

Los protestantes en Venezuela: quiénes son, qué hacen
Es sumamente escasa la bibliografía sobre la segunda parte de mi investigación: la referente a la expansión del protestantismo en Latinoamérica y particularmente en Venezuela. Apenas he podido localizar dos libros, que reseño brevemente a continuación.
Primeramente examinaré el excelente estudio elaborado por el sacerdote católico Jacinto Ayerra (1980), para entonces Director del Departamento de Ecumenismo del Secretariado Permanente del Episcopado Venezolano. Su intención declarada es (1) estudiar la situación de los protestantes en Venezuela por medio de entrevistas con los líderes de las asociaciones que representan las diferentes iglesias en el país, (2) hacer un resumen de la historia y teología de las diferentes tendencias, y (3) reflexionar sobre la expansión protestante en el país.
El padre Ayerra empieza por historiar brevemente los comienzos de la labor protestante en Venezuela. Su primer antecedente es Nikolaus Federmann, uno de los alemanes enviados a Venezuela a mediados del siglo XVI por los Welser, quien es “sospechoso” de luteranismo. Pero hasta el siglo XIX no hay ningún registro de intentos proselitistas ni de misionerismo protestante. Para entonces imperaba como norma el cuius regio, cuius religio, principio que daba por hecho que cada región debía profesar la religión aceptada por la mayoría de la población. Además, en la época colonial la Inquisición velaba porque ningún hereje ingresara a las Indias. El catolicismo era obligatorio en los dominios españoles y la intransigencia de ambas partes (católicos y protestantes) era total.
Un primer hito en la historia que nos ocupa, ya en la Venezuela republicana, es la proclamación de la libertad de cultos por parte del gobierno de Páez, en 1834. Este decreto significó una derrota para la jerarquía católica. Se trataba en parte de un gesto de simpatía hacia colonias extranjeras como la británica. Al respecto causó mucho revuelo la inauguración de un cementerio anglicano consagrado por el obispo de Barbados, acto público al que asistió el gobierno en pleno. Ayerra también señala el viaje de Daniel Florencio O’Leary al Vaticano en 1837 para negociar un Concordato eclesiástico, esto con el fin de apaciguar las protestas del clero católico venezolano.
Los primeros intentos de establecer iglesias protestantes en Venezuela datan de 1878, cuando un empresario norteamericano metodista funda la iglesia El Mesías en Caracas, en la esquina de Llaguno. Entre 1895 y 1896 llegan misioneros presbiterianos que en 1900 fundan la iglesia El Redentor. Hay noticias de actividades de pastores luteranos a partir de 1893. Otros misioneros llegaban a sitios como La Victoria, Maracaibo y Margarita entre 1899 y 1914. En 1920 extienden su labor hasta Ciudad Bolívar. Esta primera etapa culmina con la llegada de los Bautistas del Sur de EE.UU en 1942. También hay que señalar la actividad de los editores y vendedores de biblias, llamados colportores, a partir de 1825. En 1887 se establece en Caracas una sucursal de la Sociedad Bíblica Americana.
Es interesante la explicación que se da en el segundo capítulo del libro respecto al uso del término evangélicos, a pesar de que los luteranos eran más conocidos como protestantes y los calvinistas preferían llamarse a sí mismos reformados. Estas dos últimas denominaciones tienen connotaciones de enfrentamiento y son impopulares en Iberoamérica. También vale la pena destacar que la llegada de los primeros misioneros cristianos no-católicos a Venezuela coincidió con el infame bloqueo impuesto por las potencias europeas a nuestros puertos (1902), incidente que creó un fuerte sentimiento antiextranjero, por lo que los recién llegados preferían optar por la cautela. En todo caso, la palabra “evangélico”, que sonaba más neutra, fue la que finalmente caló en el vocabulario en toda América Latina.
Venezuela es uno de los últimos países en recibir misiones evangélicas con suficiente ímpetu como para lograr un número elevado de conversos. Aunque las fuentes de información son escasas, a partir de la década de los 1950 empiezan a proliferar diferentes iglesias en todo el territorio nacional. Cabe destacar que luteranos y anglicanos no hacen proselitismo, sino que se dedican a labores de capellanía con las colonias extranjeras asentadas en el país. En cambio otros grupos históricamente más recientes sí buscan expandirse. Antes de 1980 se hablaba de unos 50 mil fieles repartidos entre las diversas denominaciones.
Pero a partir de 1979, el crecimiento exponencial del evangelismo en Venezuela se convierte en un fenómeno de masas. Ese año se realiza el I Congreso Evangélico y cobra mayor fuerza el Consejo Evangélico de Venezuela, que reúne iglesias de proveniencia norteamericana. Según cifras de esta última institución, el número de fieles había superado los 500 mil (para esa fecha). Esto a pesar de que un rasgo típico de las iglesias evangélicas es su divisionismo: a diferencia de la iglesia católica, que puede presentarse como un bloque homogéneo, existen millares de denominaciones en el campo protestante, cada uno con sus peculiares interpretaciones teológicas y formas organizativas. Para el I Congreso Evangélico, que se celebró en el Poliedro de Caracas en noviembre de 1979, aceptaron la convocatoria la Convención Nacional Bautista, la Asociación de Iglesias Evangélicas Libres (ADIEL), la Iglesia Presbiteriana, la Asociación de Iglesias de Oriente (ASIGEO), la Organización de Iglesias Evangélicas Nacionales Independientes (OIENIV), la Unión Venezolana Pentecostal, la Iglesia Emmanuel, la Iglesia Cuadrangular, la Iglesia Bethel, la Iglesia de las Acacias, líderes de Asambleas de Dios, la Organización Venezolana de Iglesias Cristianas Evangélicas (OVICE) y las Iglesias Nativas de Apure; un total de 16 grandes organizaciones. Fue un evento de gran pompa que contó con la visita del presidente Luis Herrera Campins.
El documento aprobado por este Congreso y que no fue avalado (como era de esperarse) por todas las organizaciones evangélicas del país fija su posición respecto a diversos temas: se opone a toda forma de ecumenismo y no acepta a los grupos carismáticos católicos. Rechaza el llamado “evangelio social” y cualquier influencia de la llamada “teología de la liberación”. Estas declaraciones ubican al movimiento evangélico “dentro de un fundamentalismo o conservadurismo muy cerrado”, que “mira la problemática venezolana con una mentalidad escatológica espectacular y apocalíptica—un tanto milenarista”. Como respuesta a esta toma de posición, otros líderes evangélicos expresaron sus críticas y decidieron hacer sus propias reuniones por cuenta propia, como la realizada por las Asambleas de Dios, de orientación pentecostal, en el Nuevo Circo de Caracas en diciembre de 1979.
Entre otros temas de gran interés, el padre Ayerra menciona la polémica creada en torno a las Nuevas Tribus, misioneros norteamericanos (ligados a los Bautistas del Sur) que trabajan en el Alto Orinoco desde 1946 con declaradas intenciones lingüísticas y que han traducido el Evangelio a la lengua makiritare. A finales de la década de los 70, y en vista de numerosas acusaciones por parte de sectores muy diversos que incluyen misioneros católicos y evangélicos y un grupo de antropólogos “de línea marxista” entre los que destaca el lingüista Mosonyi, la agrupación fue investigada por una comisión del Congreso de la República encabezada por el diputado del MAS Alexis Ortiz. El asunto es tratado extensamente en el capítulo XVIII del libro.
Dada la escasez de material escrito sobre el tema de los evangélicos, este libro resulta extremadamente valioso, a pesar de que la información que provee llega hasta 1980. En todo caso proporciona algunos datos bibliográficos que pueden ser interesantes para el futuro de mi investigación, si es que puedo localizarlos.

The Miracle Woman: La religión ya era un gran negocio en 1931


Presencia evangélica venezolana en la política
Este libro del pastor evangélico Asdrúbal Ríos proporciona información muy interesante sobre el tema del relativamente reciente involucramiento de los evangélicos en la política nacional, a pesar de la reticencia que sus creencias religiosas les imponen al respecto. Entre otros datos históricos que se pueden leer al principio del libro encontramos el nombre del líder de AD Valmore Rodríguez, a quien se identifica como “bautizado en la fe evangélica en enero de 1918”. Tras el golpe del 18 de octubre de 1945 y el ascenso de Rómulo Betancourt a la presidencia de la Junta Revolucionaria de Gobierno, el autor señala un creciente entusiasmo en las filas evangélicas por la actividad político-partidista, una situación no aprobada por las asociaciones religiosas, que insistían en la exclusividad de su acción en el ámbito religioso.
Pero después de la caída de Pérez Jiménez en 1958, la actitud de la dirigencia evangélica cambió, motivada según el autor por tres razones: la persecución por parte del gobierno, la firma del Modus Vivendi con el Vaticano, y las oportunidades presentadas por el ejercicio mismo de la democracia. Aparentemente, durante la dictadura hubo episodios en los que el gobierno favoreció las actividades del clero católico en perjuicio de los misioneros evangélicos, particularmente en el estado Zulia. El advenimiento de la democracia llevó a las iglesias a reivindicar la libertad de cultos y a exigir un trato igualitario con los católicos.
La intención de la Junta provisional que sustituyó a Pérez Jiménez de firmar un Concordato con el Vaticano produjo una verdadera tempestad política entre la dirigencia evangélica. Aprovechando el 125 aniversario de la declaración de libertad de cultos (1959), se hicieron reuniones que condujeron finalmente a la formación del Consejo Evangélico de Venezuela como entre representativo de una parte importante de las iglesias. Desde esta entidad se libró una campaña de oposición al acuerdo de Modus Vivendi con el catolicismo, cuyo mayor defensor era nada más y nada menos que el ya presidente Rómulo Betancourt, quien aducía que dicho acuerdo era parte de los compromisos del Pacto de Punto Fijo. Los evangélicos buscaron entonces el apoyo de Luis Beltrán Prieto, líder fundamental del partido AD que incluso llegó a ser presidente del Congreso Nacional, y que se oponía férreamente a oficializar este pacto con la iglesia católica. Sin embargo, el Modus Vivendi fue finalmente aprobado por el legislativo, aunque Prieto se negó a firmar el documento correspondiente y ni siquiera asistió a la sesión en la que fue aprobado.
Este antecedente y los acontecimientos posteriores, que llevaron a la división de AD en 1968 y la formación del MEP, hicieron que una buena parte del liderazgo evangélico apoyara la candidatura de Prieto en esas elecciones, dando inicio a la historia del involucramiento de este factor en la política. Esto ocasionó desde luego divisiones y ásperas disputas entre los evangélicos, ya de por sí separados por diferencias doctrinarias. Pero la conveniencia de contar con una bancada evangélica que representara sus intereses, y el creciente número de fieles cuyos votos podían garantizar esta aspiración, terminó inclinando la balanza hacia su inevitable participación en la política. Tras apoyar masivamente a Prieto en el 68, hubo una fuerte tendencia favorable a Carlos Andrés Pérez en 1973. Desde luego, la mayoría de los evangélicos veían con mejores ojos a los candidatos adecos que a los copeyanos, inevitablemente asociados con la iglesia católica romana. Hacia esta época empieza a formarse el partido político que terminaría llamándose ORA, que ha tenido presencia constante en la política venezolana hasta la actualidad. 

Conclusiones

  • ·         El libro El monstruo y sus entrañas es el origen de esta investigación. Hay que buscar la manera de manejar la información que contiene para evitar un plagio inconsciente y también para darle un orden propio a la tesis que propongo.
  • ·         Este orden está previamente determinado por el título, que primero hace referencia al Fundamentalismo Religioso en EE.UU, luego a la Evolución desde sus Raíces Calvinistas, y finalmente a su Penetración e Influencia Política en Latinoamérica y en Venezuela.
  • ·         Es imprescindible tener acceso a algunos libros como el de Karen Armstrong y el de Johan Galtung para lograr una definición clara del Fundamentalismo y sus implicaciones en la política interna y externa de EE.UU.
  • ·         El clásico de Max Weber La ética protestante y el “espíritu” del capitalismo también formaría parte de la bibliografía por la claridad con que expone las relaciones entre el calvinismo y el capitalismo moderno.
  • ·         Respecto a la influencia política del evangelismo en América Latina y Venezuela, hay abundante material reciente en Internet. Ya he recopilado dos artículos, uno de la BBC y otro del New York Times. Los sucesos recientes en Centroamérica, en Venezuela y en Brasil han sido ampliamente reseñados en diversas publicaciones en la red. Es prioritario entonces resolver los problemas de conexión que he tenido últimamente.
  • ·         Un añadido interesante como ejemplo de influencia cultural será el análisis de algunas películas norteamericanas que tratan el tema de la religión: Miracle woman, de Frank Capra, donde se ve que el show religioso de los televangelistas ya existía como género en los años 30; Wise Blood, de John Huston, donde la obsesión religiosa del sur de EE.UU alcanza cotas de crueldad medieval todavía en los años 70; y westerns como Heaven with a gun, donde se funden las figuras del pistolero y el predicador.

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