martes, 1 de junio de 2021

Transitando el transhumanismo y conversando el cosmismo

 

La ontogenia recapitula la filogenia

Desde que Charles Darwin publicó El Origen de las Especies en 1859, la Teoría de la Evolución se convirtió en el dogma, el evangelio, la revelación, la justificación, el fundamento científico inapelable del materialismo ateo. Marx seguramente se habrá tomado más de una cerveza para celebrar la aparición de esa obra. Nietzsche se inspiró en ella como si hubiera fumado una pipa de opio: Dios había muerto, la selección natural era su partida de defunción. El mono era al hombre como el hombre al superhombre. Lo grande del hombre es que no es una meta sino un puente. ¿Un puente hacia qué? Porque seguramente la evolución no había terminado: después del hombre vendría algo más grande y menos imperfecto que el hombre. 

Los seguidores de Darwin ya habían creado una mitología que prescindía del Creador, eficientemente sustituido por el Azar y la Necesidad. Unas moléculas se habían combinado aleatoriamente en algún charco, cayó un rayo providencial, y así se formaron los primeros seres vivos. No había nada más que materia bruta obedeciendo sus propias leyes. No había trascendencia ni objetivo, y sobre todo, no existía ese barbudo con sandalias creando cosas a su imagen y semejanza.


Últimamente, y a consecuencia de la Revolución Tecnológica, que empezó quizás a mediados de la década de los 1980, se fue aclarando la imagen de cómo sería ese siguiente paso en la evolución del hombre: aditamentos tecnológicos que mejorarían los cuerpos y aumentarían el poder del cerebro serían injertados. Los futurólogos empezaron a fantasear sobre las inmensas posibilidades que se abrían, y así nació el trans-humanismo, una vía hacia la post-humanidad. Silicon Valley era el nuevo Edén donde se realizaría la mutación definitiva a la nueva especie: el Homo sapiens ya no era tan sapiens y nacía el Homo cyber, que compartía y delegaba su inteligencia en las supercomputadoras. 

Cuando se consolidó Internet empezando el siglo XXI, el cambio parecía inminente. La Inteligencia Artificial y el Internet de las Cosas eran el camino a seguir. Elon Musk dejaba atrás a Bill Gates como el nuevo Fausto, y no sólo ofrecía paquetes turísticos al espacio, sino una interfaz directa entre cerebro y máquina llamada Neuralink. La alianza de la nanotecnología con la ingeniería genética era la herramienta para crear el hombre nuevo. Entre tanto, los dueños de GAFA adquirían poderes sobrehumanos y Mefistófeles sostenía la sartén por el mango.

Homo cyber

Pero la mitología en que se apoya todo este magnífico edificio presentaba algunos puntos débiles. Para empezar, a muchos les parecía poco creíble que el mero azar produjera las combinaciones químicas necesarias para que se formaran los aminoácidos, la base de la materia orgánica. Una explicación alterna es que hubieran venido esporas, semillas de vida del espacio exterior, de otros mundos. Muy bien, pero ¿y ellas cómo se formaron? En alguna parte tendría que haber empezado todo, o estaríamos ante una regresión al infinito

Por otra parte, si bien los paleontólogos y antropólogos habían elaborado un aparato teórico aparentemente muy consistente para sustentar la evolución humana, también allí encontrábamos algunas patas cojas. Los fósiles de los primeros simios bípedos tienen una edad no mayor de cinco millones de años. Los primeros homínidos como tales tienen una edad muy inferior. Pareciera que la evolución del australopiteco al Homo erectus al Homo habilis al Neanderthal fue un proceso bastante acelerado, realizado en muy poco tiempo (geológicamente hablando). 

Además, los mismos científicos materialistas aseveran que aquellos humanoides sufrieron una misteriosa mutación hace unos 50 mil años, y sólo después de este evento se puede hablar de seres que ya no eran meramente hábiles, sino inteligentes (capaces de producir cosas como religión, arte y ciencia). Pero nadie explica en qué consistía ni cómo ocurrió esta mutación.


De eso precisamente trata la secuencia inicial (El Alba del Hombre) de la mítica película 2001 Odisea Espacial, producto de la unión del genio visionario de Stanley Kubrik con el de Arthur C. Clarke. Recordemos: una manada de homínidos sometidos al terror de una naturaleza darwinista de repente despiertan una noche y se encuentran con un misterioso monolito, un perfecto prisma rectangular u ortoedro negro, que ha sido colocado ahí por “los extraterrestres” (aunque nunca se nos dice ni cómo lo hicieron ni quiénes son ni de dónde vinieron). 

A consecuencia de este encuentro, los hombres-mono empiezan a tener brillantes ideas, como la de utilizar huesos como armas para matar a sus rivales e imponerse sobre ellos. Una interpretación de esta historia es que la evolución definitiva del simio al hombre ocurrió porque alguien le dio un empujoncito. Los caminos de Dios son misteriosos: lo de formar al hombre con barro e insuflarle el espíritu divino es una hermosa metáfora, pero después de Darwin, preferimos creer que Dios (¿o los dioses? ¿Elohim?) provocó cambios decisivos en los cerebros de unos simios antropoides—quizás desatados por la contemplación de una figura geométrica perfecta, que nunca se encuentra en la naturaleza. 

Entonces, ¿es Dios un extraterrestre? ¿Pero no es eso precisamente lo que es Dios, un ser que viene del cielo, que proviene de otros mundos que desconocemos? ¿No es esa la definición de “extraterrestre”?


Volvamos al trans- y post-humanismo. Cuando leemos la historia de este movimiento, siempre nos topamos con la mención de un antecedente: el cosmismo ruso (no confundir con el comunismo ruso, aunque hay extrañas coincidencias entre ambos). Antes de entrar a discutir este tema, es necesario que hablemos brevemente sobre Rusia y su peculiar civilización. 

Porque Rusia no pertenece a “Occidente”, no es otro país europeo: es una cultura diferente, en todo caso euro-asiática, con un elemento racial mongol y estepario, pero firmemente enraizada en la religión cristiana ortodoxa. Desde sus orígenes, la mentalidad rusa aparece cargada de misticismo febril y ascetismo. Tal vez las extensiones de la Madre Rusia son excesivas, o su clima es demasiado extremo, o el vodka demasiado potente. Lo cierto es que la historia rusa está llena de personajes alucinantes y esotéricos (Iván el Terrible, Rasputín, Madame Blavatsky…). 

Sin embargo, la conjunción alcohólico-político-mágico-religiosa no impidió que, a partir de 1917, se estableciera en sus inmensidades un sistema político materialista y ateo, una versión exacerbada del totalitarismo, encabezada por hombres como Lenin o Stalin, que parecían balancearse entre el mesianismo y el satanismo. Paradójicamente, el comunismo soviético no estaba exento de misticismo, y los rusos consideran su inesperado colapso como “la mayor tragedia del siglo XX”.

Iván el Terrible por Eisenstein

El profeta del cosmismo ruso es una figura radicalmente excéntrica, como corresponde a la historia cultural de su patria: Nikolai Fiodórovich Fiódorov (1829-1903). Durante toda su vida se esforzó por vivir en el anonimato: sólo a regañadientes llegó a entrar en contacto con algunos de los más famosos pensadores y escritores rusos de su tiempo. No llegó a vivir la era soviética, pero durante ella su obra sería estigmatizada y la mayoría de sus seguidores perseguidos, exiliados o ejecutados. En la actualidad es considerado no sólo uno de los mayores héroes del pensamiento ruso de avanzada, sino el creador de una variante fantásticamente original del trans-humanismo. Todo esto sin mencionar su enorme influencia en el programa de exploración espacial de Rusia.

El único retrato de Fiódorov por el pintor Pasternak

Fiódorov estaba dominado por una sola idea: creía que todos los problemas de la humanidad tenían su origen en la supuesta inevitabilidad de la muerte. Para resolver todos los otros problemas humanos, ya fueran sociales, políticos, económicos o filosóficos, primero había que resolver el problema de la muerte. El hombre sólo podría llegar a desarrollar todo su potencial si superaba la circunstancia de su propia mortalidad. 

Todos los sistemas de pensamiento humano, incluso los más escépticos, se inclinan, aceptan sin discutir, se rinden ante la idea de la muerte. Pero para este extraño ruso, la humanidad debía unirse en la tarea común de vencer la muerte y asegurar la inmortalidad. No sólo eso: una vez alcanzada esa meta, también habría que restaurar la vida de todos los que han vivido y ahora están muertos. Claro, después de que todos fuéramos inmortales y hubiéramos resucitado a todos los muertos, ya no cabríamos en la Tierra, y sería necesario lanzarnos a conquistar el espacio interplanetario para poder acomodar a tanta gente.


Si todo esto les parece a Uds. una sarta de disparates, vamos a detenernos un poco en lo que propone Fiódorov. Si lo pensamos bien, tendremos que darle la razón en que la única forma en que el hombre pueda superarse a sí mismo es derrotando a la muerte. El hombre es el único animal que sabe que va a morir, y eso lo determina en muchos sentidos. El origen del poder de la religión hay que buscarlo en el miedo a la muerte. Las (todavía) actuales filosofías de la desesperación y la angustia se basan todas en el miedo a la muerte: ¿no dice Heidegger que el hombre es un ser para la muerte

Antes nos consolábamos creyendo que habría una vida después de la muerte; pero ahora que sólo creemos en la materia, sabemos que vamos a morir y sólo nos queda la angustia de la nada. También dice Fiódorov que la humanidad invierte sus mayores recursos y energías en mejorar las formas de matar y destruir a sus semejantes. Si en vez de ello usáramos esos recursos y energías en combatir la muerte, es seguro que, al final de un largo y arduo esfuerzo, lo conseguiríamos.

Putin ortodoxo

Fiódorov era profunda y absolutamente cristiano, para él la idea de la resurrección era perfectamente normal, uno de los pilares de su fe. Pero, tanto para los no-cristianos como para los que han perdido la fe, uno de los puntos de la doctrina cristiana que más desafía el sentido común es la creencia en la resurrección. 

El acto de vencer su propia muerte convierte a Jesús en algo más que un hombre. Ya cuando Pablo fue a Atenas a explicar la nueva religión, se encontró con que estoicos y epicúreos lo escucharon muy cortésmente hasta que presentó el tema de la resurrección. Entonces, algunos se rieron y otros se negaron a seguir discutiendo (Hechos 17, 16-34). 

Por otra parte, el proyecto de resucitar a todos nuestros antepasados crea interesantes problemas logísticos: ¿qué tan atrás habría que llegar, hasta el Neanderthal o el pitecántropo? Y las complicaciones se harían infinitas si vamos a incluir a todos los que han vivido… 

Recordemos que Platón decía (en el Timeo) que para cada uno de nosotros hay una estrella en el cielo. Esa es la estrella que nos correspondería poblar junto con nuestros ancestros (por cierto, ya no habría más nacimientos, puesto que todos seríamos eternos)…

Tolstoi y Dostoievski

Muchos llamaban al ascético Fiódorov el Sócrates de Moscú. Vivía prescindiendo de todas las comodidades, detestaba el dinero, era bibliotecario público y tenía un reducidísimo grupo de seguidores. A través de estos discípulos llegó a ser conocido, respetado y hasta venerado por personajes tan importantes como Dostoievski y Tolstoi

Gracias a su trabajo en la biblioteca, solía tomar bajo su protección a algunos estudiantes, generalmente muy pobres, con quienes compartía el tesoro de su erudición cuasi-monástica. Más allá del misticismo, Fiódorov predicaba la acción, y decía que su proyecto de regeneración sólo iba a lograrse a través de la ciencia y la técnica. Su lema era: a Dios rogando y con el mazo dando.

Konstantin Eduárdovich Tsiolkovski

Monumento a los conquistadores del espacio, Moscú

Entre sus protegidos estaba el pionero de la ciencia cosmonáutica rusa, Konstantin Eduárdovich Tsiolkovski (1857-1935). Este excéntrico discípulo del excéntrico Fiódorov es el padre del programa espacial de la Unión Soviética. Sordo desde los 10 años, Tsiolkovski había sido rechazado por todas las escuelas hasta que Fiódorov se lo encontró en la biblioteca y empezó a guiar sus estudios. 

El jovenzuelo quedó totalmente fascinado con los viajes espaciales, que según él eran la clave para la liberación y el perfeccionamiento de la especie humana. A él se le debe el desarrollo teórico de las naves impulsadas por cohetes y la colonización espacial. Tsiolkovski tuvo suficiente astucia política para evitar las purgas de la era de Stalin, y se convirtió en un héroe popular en la URSS. 

Durante la Guerra Fría, sus proyectos se concretaron gracias al trabajo de otro cosmista: Serguéi Pávlovich Koroliov (1906-1966), quien sí pasó un tiempito en el GULAG. Así se templó el acero en Rusia, el primer país que puso en órbita un satélite artificial y envió un ser humano al espacio. Por si no lo sabían, los rusos nunca hablan de astronautas sino de “cosmonautas”.

A diferencia del trans-humanismo “occidental”, secuestrado por las élites plutocráticas, mecanicista, farandulero y manipulador, el cosmismo ruso predica la unión de todas las ciencias, las artes, la sociología, la economía, la filosofía y la religión para conseguir la trascendencia de la especie humana. Para los cosmistas, es absurda la división entre ciencias experimentales y/o numéricas “duras” y “ciencias humanas”. Todas las ciencias son humanas, y los problemas y las soluciones que aportan tienen consecuencias sociales, políticas, económicas, pero también espirituales. Los cosmistas son polímatas, saben de todo, conocen la química, la física, la ingeniería, pero no por ello dejan de ser poetas, gnósticos, metafísicos y profetas.


Concluyamos señalando que, junto con el colosal crecimiento económico experimentado por China después de la muerte de Mao, una de las hazañas más asombrosas de los últimos 20 años ha sido la recuperación de Rusia, que dejó de ser un país humillado, plagado por las mafias, dirigido por un borracho entreguista, para reinstalarse con plena justicia en su lugar como una de las tres superpotencias del mundo. 

Creo que una importante lección que nos dejan los rusos es que el patriotismo es algo más que “el último refugio de los canallas”. El amor a su patria, el deseo de recuperar su dignidad, les ha permitido superar dialécticamente su tránsito por el marxismo-leninismo. Rusia ha resuelto la contradicción entre comunismo y capitalismo y ahora se halla en una etapa superior de organización sintética, firmemente asentada en sus tradiciones nacionales más profundas, pero con una visión de cooperación cósmica. Da svidánia.


 

BIBLIOGRAFÍA:

“Nikolai Fyodorov, "el Sócrates de Moscú" que impulsó el "cosmismo" y la carrera espacial soviética”. Benjamin Ramm. BBC. 8 mayo 2021. https://www.bbc.com/mundo/noticias-56840099

 

The Russian Cosmists. The Esoteric Futurism of Nikolai Fedorov and his followers. George M. Young (2012). Oxford University Press.

 

lunes, 24 de mayo de 2021

Mímesis: más allá de la imitación y el camuflaje

Foto: Cartes / BBC
Cuando se escriba la historia de este blog, quedará registrado el hecho de que las únicas entradas que no han sido escritas por su autor-propietario (o sea, yo) son una que reproduce un texto de Arturo Uslar Pietri y tres o cuatro escritas por mis alumnas. Resalto este último hecho: siempre han sido mis estudiantes femeninas las que han escrito cosas relacionadas con las materias que he enseñado que me han parecido lo suficientemente pertinentes e innovadoras como para publicarlas en el blog.
Foto: Cartes / BBC

En este caso Francis Domínguez ha llevado el tema de la mímesis más allá de la mera definición etimológica. No es sólo el arte del camaleón, sino el acto de invocación y posesión del alma del artista por las musas u otras entidades, que le permiten acceder a informaciones sobre un tema que de otro modo le habrían estado vedadas. Dicen que la gran esoterista rusa Helena Petrovna Blavatski, una aventurera que no tuvo tiempo de formarse en el estudio de los clásicos, escribió referencias y citas de Platón de una total exactitud, a pesar de que nunca había leído una sola de sus obras. La explicación que ella daba es que tenía acceso a ese conocimiento a través de lo que correctamente Francis define en este artículo como mímesis: un estado de éxtasis o posesión sobrehumana, tal como lo entendían los presocráticos.

MÍMESIS 

Por Francis Domínguez 

La imitación y representación son los más recurridos sinónimos que se han empleado para sustituir el sentido del término mímesis que Platón y Aristóteles utilizaron en sus reflexiones sobre la producción artística. Sin embargo, este concepto formaba parte de una antigua tradición ritual en el mundo griego, que antecedía por siglos las propuestas de ambos filósofos, y que en sus orígenes cargaba con un significado más rico y complejo que la simple noción de reproducción o copia. 

Philokalia, por J. C. Mansur

 

 Mímesis aparece junto a las primeras fiestas agrarias que los antiguos griegos realizaban para agradecer a sus dioses por la fecundidad de la tierra y la cosecha obtenida en los campos. Según los expertos, el vino que se consumía en estas celebraciones era una infusión embriagante extremadamente potente, pues con su libación pretendían llegar a sentir la presencia de las deidades honradas. 

 El consumo de este vino propiciaba una alteración de la personalidad de los feligreses más sedientos, algunos de los cuales, alcanzando un estado de éxtasis, actuaban como si sus cuerpos estuvieran poseídos por una entidad sobrehumana. El ser poseso fue denominado mimós y su experiencia extática respectiva fue designada mímesis, palabra que en estos primeros tiempos tuvo mucha más relación con nuestro concepto de encarnación que con una simple imitación. 

Aquí la mímesis se produce en el curso de una acción ritual con condiciones materiales específicas. Los elementos de sugestión eran fundamentales para otorgar veracidad al fenómeno, ya que los participantes consideraban que el mimós era un verdadero nexo con el mundo de los dioses. En la fiesta, y gracias a esta suerte de encarnación, los hombres que otrora escuchaban relatos fantásticos sobre el panteón olímpico, pueden llegar a ser los dioses mismos: de allí la contundencia de sus efectos.


El concepto de mímesis entendido como encarnación puede vislumbrarse en el "Himno a Apolo Delio", atribuido al poeta Homero aunque fechado hacia el siglo VII a.C. Se trata de la primera referencia directa que tenemos del término. El autor nos relata un suceso extraordinario. En la pequeña isla de Delos existía un templo dedicado al dios Apolo custodiado por un grupo de doncellas, cuando los fieles devotos entraban en el recinto para venerar al dios, "las muchachas, luego de honrar con alabanzas a Apolo, a Leto y a la certera flechadora Artemisa, entonan himnos evocando las hazañas del pasado, y pueden mimetizar la voz y las actitudes de todos los hombres, al punto de confundir al oyente sobre quién realmente se encuentra hablando. Tal es la excelencia de su dulce canto". 

capítulosprescindibles

 

 La veneración previa que las doncellas realizan a los dioses da cuenta del cariz religioso que tiene su acción mimética. No estamos en presencia de una simple imitación, sino de la encarnación de cualidades identitarias de una alteridad sobre cuerpos diferentes y al interior de un templo. Es una suerte de transfiguración que sorprende precisamente por su carácter inédito y mágico. Se puede dilucidar esta cuestión analizando algunos aspectos de la poesía en Grecia. 

 Debemos recordar que la mayoría de la población que vivía en torno al Mediterráneo durante la Antigüedad era analfabeta. La lectura era desarrollada por unos cuantos individuos provenientes de la clase alta que tenían los recursos y el tiempo suficientes como para dejar de practicar la agricultura o algún otro oficio indispensable para la subsistencia y dedicarse al estudio de los signos. El conocimiento es poder y ha sido celosamente restringido desde antaño: la tradición oral cumplió entonces un importante rol como sistema de transmisión cultural. 

Cebreros Literarios

 

Fue en este contexto donde surgió la figura del aedo, es decir, del cantautor popular. Los aedos recitaban sus composiciones en los banquetes o reuniones sociales, y en general, allí donde fueran bien recibidos. La relevancia que su oficio tuvo fue muy significativa para el mundo antiguo, porque al describir los defectos y virtudes que tenían sus personajes, y los implacables castigos que desde el Olimpo recaían sobre quienes desafiaban los designios divinos, iban propagando paradigmas éticos a su auditorio. En este sentido, y a modo de ejemplo, se puede mencionar que el mismo Platón reconocía que los versos del poeta Homero habían educado por generaciones a todos los griegos. 

Apenas iniciaban la declamación de sus versos, los aedos invocaban la presencia de las Musas. Según la tradición, estas diosas otorgaban al poeta acceso a una memoria histórica y situaciones específicas que constituían la base de su narración. Como casi siempre se trataba de sucesos remotos que muchas veces acontecían allende el territorio griego, la autoridad y veracidad del relato estaba garantizado precisamente por la invocación de estas deidades. Ellas comparecían frente a todos mediante las palabras del poeta, y la evidencia de ello radicaba en la cantidad de datos atávicos que contenía la trama. Sin el celeste auxilio de los dioses, un mortal común no tenía cómo acceder a esta información. Luego de su invocación, la propia Musa se convierte en el hablante lírico de la trama. 

 

Wikipedia

Dando cuenta del dinamismo que posee el lenguaje, el poeta Teognis de Megara, casi trescientos años después de Homero, ya utilizaba el verbo mimeisthai con un cariz diferente. Defendiéndose de las críticas que recibía por parte de sus conciudadanos, Teognis declaró: "buenos y malos me critican, pero ninguno de estos ignorantes me ha podido mimetizar". El sentido de mímesis que Teognis ocupa en esta sentencia tiene más relación con igualar en logros que con imitarlos como fiel copia. Lo importante no es que el resto llegue a escribir exactamente las mismas obras, ni posea las mismas actitudes que el poeta tiene frente a los demás. Antes bien, se trata de que exista algún otro que pueda llegar a ser su par en dignidad. 

Fue Sócrates quien durante el siglo V a.C., definió la mímesis como una representación aparente y cuestionó su inmanencia sagrada. Así por lo menos lo consignan Jenofonte y Platón. En "República", uno de los diálogos platónicos más importantes, Sócrates define la quinta esencia de la mímesis estatuyendo una jerarquía ontológica. En el décimo capítulo, el texto nos describe la producción de camas diferentes, una labrada por un carpintero, otra por un pintor. La cama del carpintero está hecha a partir de la idea o noción de cama que su creador concibe. Esta abstracción conceptual corresponde a la verdad prístina del mundo ideal que el carpintero interpreta para reproducir materialmente su objeto, que no es más que un referente. El pintor que traza su idea de cama sobre un fresco, por su parte, se aleja aún más de esta verdad en la medida que no satisface todas las expectativas del concepto en cuestión; difícilmente alguien podría recostarse sobre una pintura mural. 

BBC

 

Sócrates está preocupado por la formación cultural y ética de los futuros ciudadanos que conformarán la comunidad política. Y es que en su memoria resuena el caso de Pisístrato, tirano que gobernó la ciudad de Atenas unos cien años antes, y que hábilmente, supo utilizar el potencial persuasivo de los actos miméticos para legitimar su autoridad. 

El año 561 a.C., Pisístrato declaró ante su pueblo que había sido víctima de un ataque propiciado por algunos miembros de la aristocracia y de que se salvó por milagro. Uno de sus partidarios propuso que se le concediera una guardia personal para protegerlo, y la asamblea de ciudadanos le entregó cincuenta hombres armados con garrotes, perpetrando con ellos un golpe de Estado a los pocos días. Sin embargo, este primer gobierno sería efímero pues la alianza de sus adversarios le forzó a abandonar el poder al cabo de un año y debió partir al exilio. 

La crisis política y social en Atenas se agudizó al poco tiempo, y las mismas familias aristócratas que antes habían expulsado a Pisístrato, fueron a implorarle que retomara el mando de la nación. Habiendo llegado a un acuerdo, las partes idearon un plan de restauración política que en palabras de Heródoto "era el más grosero artificio que pudiera imaginarse, mayormente si se observa que los griegos siempre fueron considerados más astutos que los bárbaros y menos expuestos a deslumbrarse ante tales necedades, y de que se trataba de engañar a los atenienses, reputados como los más sabios y perspicaces de entre los griegos". 

labrujulaverde

 

Pisístrato y sus aliados contactaron a una agraciada doncella que sobresalía del resto de mujeres por su alta estatura. El plan consistía en disfrazarla con los atuendos propios de Atenea, montarla en un lujoso carro junto al depuesto tirano, e ingresar en la ciudad por sorpresa, persuadiendo al pueblo de que su diosa tutelar ahora estaba favoreciendo a Pisístrato. Desde nuestra perspectiva moderna, podríamos aventurarnos en decir que la estrategia estaba condenada al fracaso; incluso Heródoto manifiesta su asombro ante el nivel de superchería del hecho. Para aquellos tiempos arcaicos, sin embargo, era un suceso perfectamente plausible: los conjurados, de tal modo, cumplieron exitosamente su cometido.

Considerando que Sócrates y sus discípulos eran grandes conocedores de la historia de Atenas, no resulta descabellado relacionar la crítica hacia la producción mimética expuesta en "República", con los acontecimientos que dieron lugar a la tiranía de Pisístrato. En efecto, en el segundo capítulo del texto, Sócrates se pregunta sobre la excelencia de los dioses, y concluye que como son entidades perfectas, no necesitan modificar su apariencia. Si acaso decidieran hacerlo (porque ningún factor externo a ellos puede obligarlos a transformarse), forzosamente tendría que ser para empeorar la figura propia, y al hacerlo, dejarían de ser perfectos. Por lo tanto, "que ningún poeta nos hable de que los dioses toman varias figuras, y que recorren a veces las ciudades en forma de peregrinos errantes…ni nos vengan con similares patrañas". 

Y es que los poetas (y por añadidura, todos los demás artistas que recurren a temas de la tradición épica) han propugnado durante siglos la imagen de la transfiguración dios-mortal, idea contraproducente para la educación de los futuros ciudadanos según pensaba el filósofo. 

La mímesis mágica "puede causar estragos en la mente de aquellos que no tienen como contraveneno el conocimiento de su verdadera índole." ¿Cuál sería esta cualidad fundamental? Su carácter aparente, la simulación, la imitación, la representación, el como si pero no el ser; todos conceptos que hoy ocupamos como sinónimos de una palabra extremadamente compleja, y que por sí solos no dan cuenta del devenir histórico que ha tenido el término mímesis. 

Por otro lado, a diferencia de su mentor, Aristóteles reconocía ventajas en la producción mimética. Mientras que la mímesis para Platón no es más que una representación de un referente ideal, por lo tanto, se ubica debajo en el estatuto ontológico, Aristóteles invierte la perspectiva; es decir, precisamente lo importante es la identificación que se produce con la otredad referida, porque así "aprendemos y deducimos lo que cada objeto es, como que esto es aquello". 

De esta manera, no sería necesario, por ejemplo, que los niños se enfrentaran con animales feroces en los campos para que conocieran el peligro que implica estar próximos a ellos; bastaría con mostrarles una ilustración que los representase y junto con esto, indicarles que las bestias pueden reaccionar violentamente contra la integridad humana si ingresamos en su hábitat natural. 

elespectador.com

 

El Estagirita asume que la entidad original es fundamental, y que sin ella, el binomio quedaría incompleto. Sin embargo, su epistemología está basada en la materialidad y en la utilidad de las representaciones como recurso propedéutico: ésta es la función política de la mímesis, y tal vez, la más importante. 

Aristóteles no ignoraba el sentido de mímesis como encarnación, ni tampoco desdeñó esta acepción en su obra. En "Poética", el filósofo señala: "la poesía épica y trágica, y la comedia, y el ditirambo, la pintura y la escultura, la danza, y la música de la flauta y la cítara pueden considerarse todas ellas artes miméticas". Pero si la pintura imita cuerpos y objetos, y la danza puede imitar gestos y actitudes, cabe preguntarse, ¿qué imita la música de las cuerdas pulsadas?, ¿por qué Aristóteles la considera mímesis? La respuesta aparece en el octavo capítulo de "Política", cuando justifica moralmente la educación musical de los jóvenes: "en las melodías, en sí, hay mímesis de los estados del carácter… Respecto a algunas (escalas), los oyentes se sienten más tristes y más graves… ante otras, sienten más lánguida su mente… y en otros casos…se inspira el entusiasmo". Las melodías encarnan conductas en nuestra psiquis que se manifiestan, por ejemplo, en la disposición intelectiva y/o en la actitud kinésica que adquirimos según la sucesión de sonidos y ritmos. 

elcastillodekafka

 

Quedaría tanto por decir respecto a la mímesis del teatro y el tema de la catarsis. Baste por ahora lo que se ha dicho, por cuanto se ha querido remitirse aquí sobre los orígenes históricos del término en cuestión y tensionar su etimología con las nociones modernas que se tornan insuficientes en el análisis de la producción artística presocrática.


lunes, 19 de abril de 2021

Los paranoicos (casi siempre) tienen razón

 

Nichts neues

Parece que ya no existen personas sanas: solamente asintomáticas. ¿Será eso lo que llaman “inmunidad del rebaño”? Pero entrevemos un rayo de esperanza: Bill Gates, que es como el vocero de los Amos de la COVID, y que había predicho con varios meses de anticipación que iba a venir una pandemia, ahora reaparece para decirnos que la cuarentena durará hasta finales del 2022. A ellos, los Illuminati-Bilderberger, parece que les agradan esos números pares que tienen como una resonancia: 2020, 2022… En todo caso, podemos esperar un largo 2021, con 365 domingos. (¿Qué día es hoy? Qué importa. Todos los días son domingo. Así lo quieren los Amos). 

Bill Gates arrestado por conducir ebrio

 

Estamos viviendo una metamorfosis social y cultural, un traumático cambio de era, la realización de las predicciones de la ciencia-ficción. Independientemente de cuál sea la teoría conspirativa que más nos agrade (aplicando la parte estética del método paranoico-crítico de Salvador Dalí), hay varios temas sobre el tapete, deliciosamente complejos todos ellos y merecedores de profundas reflexiones. 

Para empezar, aumentan las noticias de un descontento generalizado y creciente contra la cuarentena mundial. Se habla de protestas multitudinarias y violentas en sitios tan diferentes como Alemania, o los Países Bajos (cuyos habitantes tienen fama de ser la gente más conformista y satisfecha y menos dada a protestar), o Perú (donde de paso hay innegables problemas con el sistema de salud pública). También se protesta en París (donde se implantó un toque de queda), Madrid, Copenhague, Londres, Belgrado y en varias ciudades italianas. En India, 600 mil fieles insisten en bañarse en el Ganges, a pesar de las prohibiciones. A la lista se añaden Colombia, Guatemala, Chile, Líbano… 

Los manifestantes rechazan las mascarillas o barbijos o tapabocas, y no hablemos del “distanciamiento social” (¿se han subido al metro últimamente?). Los sectores más afectados son obviamente los pequeños comerciantes, restaurantes, cafés y el sector turístico; pero el mundo del arte y la cultura no lo son menos. 


 

Luego está el tema de la educación. Hoy mismo (19 de abril de 2021) hay una polémica en Argentina porque el gobierno local de Buenos Aires se niega a acatar el decreto de confinamiento total dictado por presidente de la república, insistiendo en que no se suspendan las clases. Más allá de la política partidista que ciertamente está involucrada, se esgrime en este caso un argumento de mucho peso: el experimento de la educación “virtual” ha sido un fracaso

Los educadores tendemos a aceptar la verdad de dicho argumento, y de hecho, muchas de las protestas que mencionamos anteriormente tienen que ver con exigencias de los estudiantes a que regresen las clases presenciales. 

Esto es extremadamente interesante: desde hace años se dice que la Revolución Informático-Digital abría una nueva era en la educación (después de la aparición de la escritura, la imprenta y los medios “analógicos” como la radio, el cine y la TV). Pero un año después de que la pandemia ofreciera la oportunidad de generalizar la educación basada en plataformas tecnológicas, los resultados no parecen ser muy satisfactorios. Como por lo demás nunca fue totalmente exitosa la educación basada únicamente en la lectura de libros o las clases radiofónicas o televisadas. 

Telesur - Protestas en Bélgica

 

Algo parecido ocurre con el trabajo en general: los empleadores no están demasiado contentos con que sus empleados trabajen en casa con una computadora conectada a internet. La idea capitalista del trabajo es que el empleador compra el tiempo del trabajador, quien debe cumplir con un horario durante el cual prácticamente pertenece a su patrón, aunque sólo una parte de ese tiempo sea necesario para el trabajo como tal, y el resto sea tiempo superfluo para chismear y jugar al “amigo secreto”. 

Los patronos son felices de tener a sus empleados confinados en sus puestos de trabajo aunque no estén haciendo nada. Esta idea convencional del trabajo está siendo desafiada, y en ello hay un potencial revolucionario que es preocupante incluso para las grandes empresas tecnológicas como GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon). 

Personalmente, siempre fui partidario del teletrabajo, pues lo veía como una manera de liberarse de las grandes aglomeraciones resultantes del desplazamiento obligatorio de millones de trabajadores, que salen y vuelven a casa casi todos a la misma hora. Claro, eso fue antes de que empezara a trabajar como docente. Entonces entendí la importancia de la presencia del maestro dando la cara a sus estudiantes, en una especie de ritual o ceremonial que facilita la transmisión del conocimiento. 

Aunque siempre he odiado que se obligue a los docentes a hacer “trabajo administrativo”, mayormente superfluo, pero supuestamente obligatorio y vigilado por la figura más antipática del sistema educativo: el supervisor, cuya labor es “vigilar y castigar” a cuenta del cumplimento de un vulgar horario, como si los maestros fuéramos trabajadores convencionales. 

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Y ahora quisiera terminar con una breve reflexión sobre China y Rusia. Los chinos son por naturaleza seres sociales, por no decir “comunistas”, en un sentido que trasciende la mera ideología marxista. Para ellos es natural, deseable y loable que el individuo se sacrifique por el bien de la colectividad. 

Además, la disciplina es una parte fundamental de su cultura. Al presentarse el primer brote de la pandemia el año pasado, se implementó la paralización social más grande de la historia, involucrando a millones de personas que se sometieron sin chistar a un régimen de cuarentena de una dureza sin precedentes. El gobierno socialista chino demostró su eficacia, tomando las medidas heroicas que la situación requería (como la construcción de un hospital totalmente dotado en diez días). En consecuencia, China puede mostrar resultados muy superiores a los de cualquier parte del mundo, a pesar de haber sido el lugar de origen del fenómeno. 

Los chinos, naturalmente estoicos, están acostumbrados a sufrir catástrofes que podrían destruir a cualquier otro pueblo. Lo mismo puede decirse de los orientales en general: pensemos en las penurias históricas que han sufrido los pueblos de Corea, Japón o Vietnam. 

Un hospital en 10 días (Xinhua)

 

En cuanto a los rusos, han demostrado una sabiduría sorprendente. Sin aspavientos, han conseguido implementar un régimen bastante flexible en cuanto a las restricciones sociales. Entiendo que en Rusia nunca se suspendieron las clases ni las actividades cotidianas que son la esencia de la cultura. Pero astutamente, no han tomado actitudes estridentes como le vimos hacer a Donald Trump o a Bolsonaro, por mencionar sólo a ellos dos. 

Y es que la política más sensata en un caso como éste de la pandemia involucra tener respeto por el miedo ajeno. Ante la perspectiva de la muerte por un agente invisible como un virus, y frente a los que pretenden aprovecharse de ese miedo para lucrarse (como es el caso de las tecnológicas y de los monstruos farmacéuticos) es necesario conducirse con gran discreción. Ahora Rusia aparece como un gigante gentil guiado por un maestro del arte del judo, el cual se basa en utilizar los movimientos de agresión en contra del propio agresor. 

El Trabalengua no se detiene