lunes, 24 de mayo de 2021

Mímesis: más allá de la imitación y el camuflaje

Foto: Cartes / BBC
Cuando se escriba la historia de este blog, quedará registrado el hecho de que las únicas entradas que no han sido escritas por su autor-propietario (o sea, yo) son una que reproduce un texto de Arturo Uslar Pietri y tres o cuatro escritas por mis alumnas. Resalto este último hecho: siempre han sido mis estudiantes femeninas las que han escrito cosas relacionadas con las materias que he enseñado que me han parecido lo suficientemente pertinentes e innovadoras como para publicarlas en el blog.
Foto: Cartes / BBC

En este caso Francis Domínguez ha llevado el tema de la mímesis más allá de la mera definición etimológica. No es sólo el arte del camaleón, sino el acto de invocación y posesión del alma del artista por las musas u otras entidades, que le permiten acceder a informaciones sobre un tema que de otro modo le habrían estado vedadas. Dicen que la gran esoterista rusa Helena Petrovna Blavatski, una aventurera que no tuvo tiempo de formarse en el estudio de los clásicos, escribió referencias y citas de Platón de una total exactitud, a pesar de que nunca había leído una sola de sus obras. La explicación que ella daba es que tenía acceso a ese conocimiento a través de lo que correctamente Francis define en este artículo como mímesis: un estado de éxtasis o posesión sobrehumana, tal como lo entendían los presocráticos.

MÍMESIS 

Por Francis Domínguez 

La imitación y representación son los más recurridos sinónimos que se han empleado para sustituir el sentido del término mímesis que Platón y Aristóteles utilizaron en sus reflexiones sobre la producción artística. Sin embargo, este concepto formaba parte de una antigua tradición ritual en el mundo griego, que antecedía por siglos las propuestas de ambos filósofos, y que en sus orígenes cargaba con un significado más rico y complejo que la simple noción de reproducción o copia. 

Philokalia, por J. C. Mansur

 

 Mímesis aparece junto a las primeras fiestas agrarias que los antiguos griegos realizaban para agradecer a sus dioses por la fecundidad de la tierra y la cosecha obtenida en los campos. Según los expertos, el vino que se consumía en estas celebraciones era una infusión embriagante extremadamente potente, pues con su libación pretendían llegar a sentir la presencia de las deidades honradas. 

 El consumo de este vino propiciaba una alteración de la personalidad de los feligreses más sedientos, algunos de los cuales, alcanzando un estado de éxtasis, actuaban como si sus cuerpos estuvieran poseídos por una entidad sobrehumana. El ser poseso fue denominado mimós y su experiencia extática respectiva fue designada mímesis, palabra que en estos primeros tiempos tuvo mucha más relación con nuestro concepto de encarnación que con una simple imitación. 

Aquí la mímesis se produce en el curso de una acción ritual con condiciones materiales específicas. Los elementos de sugestión eran fundamentales para otorgar veracidad al fenómeno, ya que los participantes consideraban que el mimós era un verdadero nexo con el mundo de los dioses. En la fiesta, y gracias a esta suerte de encarnación, los hombres que otrora escuchaban relatos fantásticos sobre el panteón olímpico, pueden llegar a ser los dioses mismos: de allí la contundencia de sus efectos.


El concepto de mímesis entendido como encarnación puede vislumbrarse en el "Himno a Apolo Delio", atribuido al poeta Homero aunque fechado hacia el siglo VII a.C. Se trata de la primera referencia directa que tenemos del término. El autor nos relata un suceso extraordinario. En la pequeña isla de Delos existía un templo dedicado al dios Apolo custodiado por un grupo de doncellas, cuando los fieles devotos entraban en el recinto para venerar al dios, "las muchachas, luego de honrar con alabanzas a Apolo, a Leto y a la certera flechadora Artemisa, entonan himnos evocando las hazañas del pasado, y pueden mimetizar la voz y las actitudes de todos los hombres, al punto de confundir al oyente sobre quién realmente se encuentra hablando. Tal es la excelencia de su dulce canto". 

capítulosprescindibles

 

 La veneración previa que las doncellas realizan a los dioses da cuenta del cariz religioso que tiene su acción mimética. No estamos en presencia de una simple imitación, sino de la encarnación de cualidades identitarias de una alteridad sobre cuerpos diferentes y al interior de un templo. Es una suerte de transfiguración que sorprende precisamente por su carácter inédito y mágico. Se puede dilucidar esta cuestión analizando algunos aspectos de la poesía en Grecia. 

 Debemos recordar que la mayoría de la población que vivía en torno al Mediterráneo durante la Antigüedad era analfabeta. La lectura era desarrollada por unos cuantos individuos provenientes de la clase alta que tenían los recursos y el tiempo suficientes como para dejar de practicar la agricultura o algún otro oficio indispensable para la subsistencia y dedicarse al estudio de los signos. El conocimiento es poder y ha sido celosamente restringido desde antaño: la tradición oral cumplió entonces un importante rol como sistema de transmisión cultural. 

Cebreros Literarios

 

Fue en este contexto donde surgió la figura del aedo, es decir, del cantautor popular. Los aedos recitaban sus composiciones en los banquetes o reuniones sociales, y en general, allí donde fueran bien recibidos. La relevancia que su oficio tuvo fue muy significativa para el mundo antiguo, porque al describir los defectos y virtudes que tenían sus personajes, y los implacables castigos que desde el Olimpo recaían sobre quienes desafiaban los designios divinos, iban propagando paradigmas éticos a su auditorio. En este sentido, y a modo de ejemplo, se puede mencionar que el mismo Platón reconocía que los versos del poeta Homero habían educado por generaciones a todos los griegos. 

Apenas iniciaban la declamación de sus versos, los aedos invocaban la presencia de las Musas. Según la tradición, estas diosas otorgaban al poeta acceso a una memoria histórica y situaciones específicas que constituían la base de su narración. Como casi siempre se trataba de sucesos remotos que muchas veces acontecían allende el territorio griego, la autoridad y veracidad del relato estaba garantizado precisamente por la invocación de estas deidades. Ellas comparecían frente a todos mediante las palabras del poeta, y la evidencia de ello radicaba en la cantidad de datos atávicos que contenía la trama. Sin el celeste auxilio de los dioses, un mortal común no tenía cómo acceder a esta información. Luego de su invocación, la propia Musa se convierte en el hablante lírico de la trama. 

 

Wikipedia

Dando cuenta del dinamismo que posee el lenguaje, el poeta Teognis de Megara, casi trescientos años después de Homero, ya utilizaba el verbo mimeisthai con un cariz diferente. Defendiéndose de las críticas que recibía por parte de sus conciudadanos, Teognis declaró: "buenos y malos me critican, pero ninguno de estos ignorantes me ha podido mimetizar". El sentido de mímesis que Teognis ocupa en esta sentencia tiene más relación con igualar en logros que con imitarlos como fiel copia. Lo importante no es que el resto llegue a escribir exactamente las mismas obras, ni posea las mismas actitudes que el poeta tiene frente a los demás. Antes bien, se trata de que exista algún otro que pueda llegar a ser su par en dignidad. 

Fue Sócrates quien durante el siglo V a.C., definió la mímesis como una representación aparente y cuestionó su inmanencia sagrada. Así por lo menos lo consignan Jenofonte y Platón. En "República", uno de los diálogos platónicos más importantes, Sócrates define la quinta esencia de la mímesis estatuyendo una jerarquía ontológica. En el décimo capítulo, el texto nos describe la producción de camas diferentes, una labrada por un carpintero, otra por un pintor. La cama del carpintero está hecha a partir de la idea o noción de cama que su creador concibe. Esta abstracción conceptual corresponde a la verdad prístina del mundo ideal que el carpintero interpreta para reproducir materialmente su objeto, que no es más que un referente. El pintor que traza su idea de cama sobre un fresco, por su parte, se aleja aún más de esta verdad en la medida que no satisface todas las expectativas del concepto en cuestión; difícilmente alguien podría recostarse sobre una pintura mural. 

BBC

 

Sócrates está preocupado por la formación cultural y ética de los futuros ciudadanos que conformarán la comunidad política. Y es que en su memoria resuena el caso de Pisístrato, tirano que gobernó la ciudad de Atenas unos cien años antes, y que hábilmente, supo utilizar el potencial persuasivo de los actos miméticos para legitimar su autoridad. 

El año 561 a.C., Pisístrato declaró ante su pueblo que había sido víctima de un ataque propiciado por algunos miembros de la aristocracia y de que se salvó por milagro. Uno de sus partidarios propuso que se le concediera una guardia personal para protegerlo, y la asamblea de ciudadanos le entregó cincuenta hombres armados con garrotes, perpetrando con ellos un golpe de Estado a los pocos días. Sin embargo, este primer gobierno sería efímero pues la alianza de sus adversarios le forzó a abandonar el poder al cabo de un año y debió partir al exilio. 

La crisis política y social en Atenas se agudizó al poco tiempo, y las mismas familias aristócratas que antes habían expulsado a Pisístrato, fueron a implorarle que retomara el mando de la nación. Habiendo llegado a un acuerdo, las partes idearon un plan de restauración política que en palabras de Heródoto "era el más grosero artificio que pudiera imaginarse, mayormente si se observa que los griegos siempre fueron considerados más astutos que los bárbaros y menos expuestos a deslumbrarse ante tales necedades, y de que se trataba de engañar a los atenienses, reputados como los más sabios y perspicaces de entre los griegos". 

labrujulaverde

 

Pisístrato y sus aliados contactaron a una agraciada doncella que sobresalía del resto de mujeres por su alta estatura. El plan consistía en disfrazarla con los atuendos propios de Atenea, montarla en un lujoso carro junto al depuesto tirano, e ingresar en la ciudad por sorpresa, persuadiendo al pueblo de que su diosa tutelar ahora estaba favoreciendo a Pisístrato. Desde nuestra perspectiva moderna, podríamos aventurarnos en decir que la estrategia estaba condenada al fracaso; incluso Heródoto manifiesta su asombro ante el nivel de superchería del hecho. Para aquellos tiempos arcaicos, sin embargo, era un suceso perfectamente plausible: los conjurados, de tal modo, cumplieron exitosamente su cometido.

Considerando que Sócrates y sus discípulos eran grandes conocedores de la historia de Atenas, no resulta descabellado relacionar la crítica hacia la producción mimética expuesta en "República", con los acontecimientos que dieron lugar a la tiranía de Pisístrato. En efecto, en el segundo capítulo del texto, Sócrates se pregunta sobre la excelencia de los dioses, y concluye que como son entidades perfectas, no necesitan modificar su apariencia. Si acaso decidieran hacerlo (porque ningún factor externo a ellos puede obligarlos a transformarse), forzosamente tendría que ser para empeorar la figura propia, y al hacerlo, dejarían de ser perfectos. Por lo tanto, "que ningún poeta nos hable de que los dioses toman varias figuras, y que recorren a veces las ciudades en forma de peregrinos errantes…ni nos vengan con similares patrañas". 

Y es que los poetas (y por añadidura, todos los demás artistas que recurren a temas de la tradición épica) han propugnado durante siglos la imagen de la transfiguración dios-mortal, idea contraproducente para la educación de los futuros ciudadanos según pensaba el filósofo. 

La mímesis mágica "puede causar estragos en la mente de aquellos que no tienen como contraveneno el conocimiento de su verdadera índole." ¿Cuál sería esta cualidad fundamental? Su carácter aparente, la simulación, la imitación, la representación, el como si pero no el ser; todos conceptos que hoy ocupamos como sinónimos de una palabra extremadamente compleja, y que por sí solos no dan cuenta del devenir histórico que ha tenido el término mímesis. 

Por otro lado, a diferencia de su mentor, Aristóteles reconocía ventajas en la producción mimética. Mientras que la mímesis para Platón no es más que una representación de un referente ideal, por lo tanto, se ubica debajo en el estatuto ontológico, Aristóteles invierte la perspectiva; es decir, precisamente lo importante es la identificación que se produce con la otredad referida, porque así "aprendemos y deducimos lo que cada objeto es, como que esto es aquello". 

De esta manera, no sería necesario, por ejemplo, que los niños se enfrentaran con animales feroces en los campos para que conocieran el peligro que implica estar próximos a ellos; bastaría con mostrarles una ilustración que los representase y junto con esto, indicarles que las bestias pueden reaccionar violentamente contra la integridad humana si ingresamos en su hábitat natural. 

elespectador.com

 

El Estagirita asume que la entidad original es fundamental, y que sin ella, el binomio quedaría incompleto. Sin embargo, su epistemología está basada en la materialidad y en la utilidad de las representaciones como recurso propedéutico: ésta es la función política de la mímesis, y tal vez, la más importante. 

Aristóteles no ignoraba el sentido de mímesis como encarnación, ni tampoco desdeñó esta acepción en su obra. En "Poética", el filósofo señala: "la poesía épica y trágica, y la comedia, y el ditirambo, la pintura y la escultura, la danza, y la música de la flauta y la cítara pueden considerarse todas ellas artes miméticas". Pero si la pintura imita cuerpos y objetos, y la danza puede imitar gestos y actitudes, cabe preguntarse, ¿qué imita la música de las cuerdas pulsadas?, ¿por qué Aristóteles la considera mímesis? La respuesta aparece en el octavo capítulo de "Política", cuando justifica moralmente la educación musical de los jóvenes: "en las melodías, en sí, hay mímesis de los estados del carácter… Respecto a algunas (escalas), los oyentes se sienten más tristes y más graves… ante otras, sienten más lánguida su mente… y en otros casos…se inspira el entusiasmo". Las melodías encarnan conductas en nuestra psiquis que se manifiestan, por ejemplo, en la disposición intelectiva y/o en la actitud kinésica que adquirimos según la sucesión de sonidos y ritmos. 

elcastillodekafka

 

Quedaría tanto por decir respecto a la mímesis del teatro y el tema de la catarsis. Baste por ahora lo que se ha dicho, por cuanto se ha querido remitirse aquí sobre los orígenes históricos del término en cuestión y tensionar su etimología con las nociones modernas que se tornan insuficientes en el análisis de la producción artística presocrática.


lunes, 19 de abril de 2021

Los paranoicos (casi siempre) tienen razón

 

Nichts neues

Parece que ya no existen personas sanas: solamente asintomáticas. ¿Será eso lo que llaman “inmunidad del rebaño”? Pero entrevemos un rayo de esperanza: Bill Gates, que es como el vocero de los Amos de la COVID, y que había predicho con varios meses de anticipación que iba a venir una pandemia, ahora reaparece para decirnos que la cuarentena durará hasta finales del 2022. A ellos, los Illuminati-Bilderberger, parece que les agradan esos números pares que tienen como una resonancia: 2020, 2022… En todo caso, podemos esperar un largo 2021, con 365 domingos. (¿Qué día es hoy? Qué importa. Todos los días son domingo. Así lo quieren los Amos). 

Bill Gates arrestado por conducir ebrio

 

Estamos viviendo una metamorfosis social y cultural, un traumático cambio de era, la realización de las predicciones de la ciencia-ficción. Independientemente de cuál sea la teoría conspirativa que más nos agrade (aplicando la parte estética del método paranoico-crítico de Salvador Dalí), hay varios temas sobre el tapete, deliciosamente complejos todos ellos y merecedores de profundas reflexiones. 

Para empezar, aumentan las noticias de un descontento generalizado y creciente contra la cuarentena mundial. Se habla de protestas multitudinarias y violentas en sitios tan diferentes como Alemania, o los Países Bajos (cuyos habitantes tienen fama de ser la gente más conformista y satisfecha y menos dada a protestar), o Perú (donde de paso hay innegables problemas con el sistema de salud pública). También se protesta en París (donde se implantó un toque de queda), Madrid, Copenhague, Londres, Belgrado y en varias ciudades italianas. En India, 600 mil fieles insisten en bañarse en el Ganges, a pesar de las prohibiciones. A la lista se añaden Colombia, Guatemala, Chile, Líbano… 

Los manifestantes rechazan las mascarillas o barbijos o tapabocas, y no hablemos del “distanciamiento social” (¿se han subido al metro últimamente?). Los sectores más afectados son obviamente los pequeños comerciantes, restaurantes, cafés y el sector turístico; pero el mundo del arte y la cultura no lo son menos. 


 

Luego está el tema de la educación. Hoy mismo (19 de abril de 2021) hay una polémica en Argentina porque el gobierno local de Buenos Aires se niega a acatar el decreto de confinamiento total dictado por presidente de la república, insistiendo en que no se suspendan las clases. Más allá de la política partidista que ciertamente está involucrada, se esgrime en este caso un argumento de mucho peso: el experimento de la educación “virtual” ha sido un fracaso

Los educadores tendemos a aceptar la verdad de dicho argumento, y de hecho, muchas de las protestas que mencionamos anteriormente tienen que ver con exigencias de los estudiantes a que regresen las clases presenciales. 

Esto es extremadamente interesante: desde hace años se dice que la Revolución Informático-Digital abría una nueva era en la educación (después de la aparición de la escritura, la imprenta y los medios “analógicos” como la radio, el cine y la TV). Pero un año después de que la pandemia ofreciera la oportunidad de generalizar la educación basada en plataformas tecnológicas, los resultados no parecen ser muy satisfactorios. Como por lo demás nunca fue totalmente exitosa la educación basada únicamente en la lectura de libros o las clases radiofónicas o televisadas. 

Telesur - Protestas en Bélgica

 

Algo parecido ocurre con el trabajo en general: los empleadores no están demasiado contentos con que sus empleados trabajen en casa con una computadora conectada a internet. La idea capitalista del trabajo es que el empleador compra el tiempo del trabajador, quien debe cumplir con un horario durante el cual prácticamente pertenece a su patrón, aunque sólo una parte de ese tiempo sea necesario para el trabajo como tal, y el resto sea tiempo superfluo para chismear y jugar al “amigo secreto”. 

Los patronos son felices de tener a sus empleados confinados en sus puestos de trabajo aunque no estén haciendo nada. Esta idea convencional del trabajo está siendo desafiada, y en ello hay un potencial revolucionario que es preocupante incluso para las grandes empresas tecnológicas como GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon). 

Personalmente, siempre fui partidario del teletrabajo, pues lo veía como una manera de liberarse de las grandes aglomeraciones resultantes del desplazamiento obligatorio de millones de trabajadores, que salen y vuelven a casa casi todos a la misma hora. Claro, eso fue antes de que empezara a trabajar como docente. Entonces entendí la importancia de la presencia del maestro dando la cara a sus estudiantes, en una especie de ritual o ceremonial que facilita la transmisión del conocimiento. 

Aunque siempre he odiado que se obligue a los docentes a hacer “trabajo administrativo”, mayormente superfluo, pero supuestamente obligatorio y vigilado por la figura más antipática del sistema educativo: el supervisor, cuya labor es “vigilar y castigar” a cuenta del cumplimento de un vulgar horario, como si los maestros fuéramos trabajadores convencionales. 

mdzol.com

 

Y ahora quisiera terminar con una breve reflexión sobre China y Rusia. Los chinos son por naturaleza seres sociales, por no decir “comunistas”, en un sentido que trasciende la mera ideología marxista. Para ellos es natural, deseable y loable que el individuo se sacrifique por el bien de la colectividad. 

Además, la disciplina es una parte fundamental de su cultura. Al presentarse el primer brote de la pandemia el año pasado, se implementó la paralización social más grande de la historia, involucrando a millones de personas que se sometieron sin chistar a un régimen de cuarentena de una dureza sin precedentes. El gobierno socialista chino demostró su eficacia, tomando las medidas heroicas que la situación requería (como la construcción de un hospital totalmente dotado en diez días). En consecuencia, China puede mostrar resultados muy superiores a los de cualquier parte del mundo, a pesar de haber sido el lugar de origen del fenómeno. 

Los chinos, naturalmente estoicos, están acostumbrados a sufrir catástrofes que podrían destruir a cualquier otro pueblo. Lo mismo puede decirse de los orientales en general: pensemos en las penurias históricas que han sufrido los pueblos de Corea, Japón o Vietnam. 

Un hospital en 10 días (Xinhua)

 

En cuanto a los rusos, han demostrado una sabiduría sorprendente. Sin aspavientos, han conseguido implementar un régimen bastante flexible en cuanto a las restricciones sociales. Entiendo que en Rusia nunca se suspendieron las clases ni las actividades cotidianas que son la esencia de la cultura. Pero astutamente, no han tomado actitudes estridentes como le vimos hacer a Donald Trump o a Bolsonaro, por mencionar sólo a ellos dos. 

Y es que la política más sensata en un caso como éste de la pandemia involucra tener respeto por el miedo ajeno. Ante la perspectiva de la muerte por un agente invisible como un virus, y frente a los que pretenden aprovecharse de ese miedo para lucrarse (como es el caso de las tecnológicas y de los monstruos farmacéuticos) es necesario conducirse con gran discreción. Ahora Rusia aparece como un gigante gentil guiado por un maestro del arte del judo, el cual se basa en utilizar los movimientos de agresión en contra del propio agresor. 

El Trabalengua no se detiene

 

martes, 23 de marzo de 2021

El Trabalengua

Selfie exprimido

La muchacha jipocha, la chama de la mocha de Chichiriviche 

Que despacha cachapa con chicharrón en su cuchitril de Capuchinos 

Chocó con un chavista chocho en Chacao 

(trabalengua inspirado en y por Aquiles Nazoa) 

 La cuarentena más larga de la historia está cada día más insoportable. Hace un año, al llegar el equinoccio de primavera, escribí que la verdadera plaga es el conformismo y el miedo auto-inducido. Pasó el tiempo, nuestra nave espacial completó un ciclo de translación alrededor del sol, y ahora nos anuncian con bombos y platillos que se pondrá peor, que llegó la cepa mutante y que Semana Santa será radical. Para combatir el tedio que se nos viene encima, la actitud más filosófica es convertir la crisis en oportunidad, como dicen los chinos, y aprovechar para hacer cosas que nunca pudimos hacer porque la rutina del trabajo y las viejas formas de vida social (que parecen en vías de extinción) nos lo impedían. En ese sentido, creo que he hecho algo muy bueno manteniendo vivo el programa de radio “El Trabalengua” por Radio Tiuna Comunitaria 102.9 FM. Y aparte de eso, podría mostrar algunos trabajitos de edición digital (no en la radio: en el blog). Soy un fotógrafo sin cámara hurgando y devaneando en su archivo.

Línea tiránica
Las grandes grullas grises de Groenlandia graznan agradecidas en las grietas de la gran gruta griega. Mientras improvisamos trabalenguas poéticos, el programa se desplaza por los temas más diversos. Una aspiración muy particular es ofrecer alternativas musicales, sacudir el conformismo musical que paraliza creativamente al medio radiofónico. “La música que le gusta a la gente” no es más que la que le han enseñado a oír, sobre todo desde las propias radios. Actualmente impera la changa más arrabalera, y las ondas hertzianas lamentan la ausencia del jazz, la música académica (mal llamada clásica) o cualquier otro género manejado con un criterio histórico o estético. Si nos atrevemos a tomar partido por lo que consideramos buena música, tal vez descubramos que los jóvenes están hartos del perreo y las mamarrachadas que se pasan bajo la etiqueta de “urbano”, y en cambio están dispuestos a apuntar sus orejas a otras posibilidades musicales. Aunque es innegable que, musicalmente hablando, no se produce nada que se pueda comparar con las décadas prodigiosas de 1960-70, queremos que nuestra nostalgia por aquella música que sacudió el mundo se vuelva educativa.
Koka-kola red
El tribunal transó una tregua entre las tribus de Tribilín y Trucutú, mientras los tranvías se transformaban en trasatlánticos. Hace un tiempo escribí que se le da demasiada importancia al lenguaje escrito, aunque grandes maestros como Pitágoras o Sócrates o Jesús nunca escribieron una línea. Cuando se trata de filosofía en su sentido más práctico, el de reflexión sobre cómo vivir de la mejor manera posible, nada puede sustituir al diálogo, a la presencia física de los que se ven y se hablan cara a cara, mirándose a los ojos. En la radio todos somos amigos invisibles, los que hablamos y los que escuchamos. Ni el libro, ni la radio, ni la TV, ni la PC ni la Tablet ni el móvil podrán sustituir jamás a la persona del maestro. La persona es la máscara del oficiante del ritual sagrado que es la educación. Al soslayar el aspecto mágico-religioso-simbólico, el experimento social de la educación masiva a distancia por medio de la info-telemática digital ha sido un fracaso. Hasta ahora. Espero que no sea necesario transformar a los estudiantes en algún tipo de ciber-mutantes para obtener mejores resultados.
Línea dura
El cachicamo pichirre y el chigüire enchinchorrado. Es obvio que si hablo por la radio o salgo por la TV, tengo mayores posibilidades de que alguien escuche mi mensaje que si escribo un libro o un blog (porque leer es una forma indirecta de escuchar). Como están las cosas, pedirle a la gente que lea parece demasiado pedir. La escritura y la lectura terminarán convirtiéndose en trabajos que sólo un grupo muy limitado de especialistas podrá hacer. Pero si sales por TV, aunque sea en el último canal con el rating más bajo que pueda existir, mucha gente te reconocerá. Y si sólo sales por la radio, siempre puedes creer que algún conductor fastidiado, alguna ama de casa planchando las camisas, algún vendedor de chucherías en un día de poca venta escuchará tus trabalenguas y tus músicas disidentes. Mi programa no tiene target, pero me gustaría que me oyera la gente de UNEARTE.
Panteonitis
Con el laptop de Lalo, Lila localizó el link de José Luis. Todavía siento cierta repugnancia hacia las redes sociales. Con ellas se hizo el primer gran experimento de alienación colectiva, y fue tan exitoso que ahora con la cuarentena amenazan con extender sus tentáculos para meterse hasta en el último recoveco. La radio es un medio tan tradicional, tan silencioso, tan personal. Uno habla consigo mismo al mismo tiempo que se proyecta hacia los otros amigos invisibles cuya existencia empieza en la imaginación. La radio es tan noble y solitaria como el cuarto oscuro de la fotografía analógica en blanco y negro. Medios tan elementales que jamás morirán.
Pseudociencias

miércoles, 17 de febrero de 2021

Saudade Saudita

 

Pablo Neruda

Leí en alguna parte que saudade es la palabra más bella que existe (aunque una vez le dije eso a una chica y me respondió que le sonaba a marca de jabón). Saudade, “dulce palabra de perfiles ambiguos”, significa una nostalgia profunda, sin esperanza; y mucho más: una soledad cósmica y metafísica. Es más azul que el blues, pues “azules son las montañas como ella”, en palabras de Pablo Neruda. Dicen que refleja la melancolía del pueblo más lleno de saudade que existe: el portugués, que canta su lenta tristeza resignada en los fados. Saudade, esa palabra blanca como un pez que se evade, que deja en la boca su temblor delicado…


 

Es fácil sentir una nostalgia así por aquello que se llamó “La Venezuela Saudita”. Recientemente apareció una película llamada lacónicamente “CAP, dos intentos”, producida por Carlos Oteyza, cineasta que tiene a su disposición los inagotables archivos de Bolívar Films y CINESA, depositarios de tanta historia. La película recuerda las dos presidencias de Carlos Andrés Pérez (1974-1979 y 1989-93), pero la parte que desata la saudade en la gente es la del primer período: aquella demasiado breve Edad Dorada en que realmente parecía que la riqueza encerrada en pozos de petróleo sin fondo nos permitiría a todos los venezolanos, sin ni siquiera mancharnos las manos con el excremento del diablo, alcanzar y superar los sueños más audaces y delirantes que la ambición y la codicia pudieran concebir. 


 

Conozco gente que ha llorado a moco y baba mientras veía esta película. Cómo no echar de menos aquel derroche de patanería en busca del refinamiento… y ahora que finalmente somos patanes refinados, resulta que ya no tenemos dinero, como teníamos en el 74. Ahora nos patotean en Colombia, Ecuador y Perú, adonde íbamos (aunque yo personalmente nunca fui) a restregarles los petrodólares a los cholos… Qué tiempos aquellos. Éramos felices, y sí lo sabíamos. Y eso fue antes de la fiesta de los raspacupos. 

No sólo en las patillas se parecen

 

Cómo no llorar recordando las becas Mariscal de Ayacucho (aunque a mí nunca me la dieron). Venezuela venía de una larga historia de oligarquías mezquinas, dictaduras despiadadas y pueblo hambreado. Gómez acabó con las guerras civiles, Pérez Jiménez nos llevó a la tan ansiada Modernidad que el Bagre nunca hubiera podido comprender… Y a partir del 74 El Gocho nos permitía hacer realidad el sueño de todo pícaro: vivir como rey sin que te obliguen a trabajar. El Gocho quería estar bien con todo el mundo: el Sha de Persia, Felipe González y su compinche el rey Juan Carlos, Fidel Castro, Mitterand, todos eran amigos suyos. Y respecto a las becas, ¿cuánta gente no se adelantó a su época aprovechando la beca para emigrar a algún país del Primer Mundo? ¿Cuánta gente sintió que tenía una deuda con la República? La ética no era el fuerte de la Venezuela Saudita. 


 

Pero ¿se le puede pedir a un rentista que no disfrute de las mieles del ocio si es tan privilegiado que puede hacerlo? Si el arte es ocio y todo lo demás es negocio, pues mejor aún si hay ocio y también negocio. En aquellos tiempos tuvimos el Museo de Sofía y se creó el Sistema de Abreu. Se hicieron películas y otras obras faraónicas (Parque Central y su vecino Teatro Teresa Carreño) y algunas que se diseñaron entonces (como la nueva sede de la Biblioteca Nacional) después quedaron a medio hacer porque ya no hubo el billete masivo que tuvimos en el 74… y que empezó a desvanecerse en el 83. 


 

¿Y aquella izquierda exquisita que aprovechó las becas Ayacuchas para conocer las cortes europeas? Mientras los adecos se iban a Miami o pasaban el calorón comiendo Big Macs en Houston, los cultivados pro-socialistas venezolanos aprendían a degustar vinos y quesos franceses con caviar en París, estudiaban cine en Londres, tomaban cursos con Foucault en la Sorbona y con Gadamer en Berlín. Uno de ellos, por cierto, era Carlos el Chacal, el imponderable Ilich Ramírez Sánchez, que en ese entonces estaba construyendo su leyenda. Recuerdo una escena en la película que hicieron muchos años después con Edgar Ramírez: en pleno secuestro de los ministros de la OPEP, Carlos habla con el representante de Venezuela. Éste le pregunta por qué escogió Carlos como nombre de batalla. La respuesta de Ilich me dejó estupefacto: era por Carlos Andrés Pérez, a quien, según la película, el implacable Chacal consideraba un verdadero revolucionario. 


 

Después, sería la crónica de cómo se perdió el Paraíso. En el 83 hubo un primer colapso financiero. La moneda se devaluó por primera vez en décadas, a la gente en Miami no les quisieron cambiar los cheques por un tiempo, y hubo un primer buen susto. Eso no impidió que el Gocho volviera en el 88, pero sí que Carlos Andrés lo hiciera en el 93. Porque el 27 de febrero del 89, el año del fin fukuyanesco de la historia, al colapso financiero se unió el estallido social. En Caracas, recuerdo, se esparció un miedo como no se había sentido desde el 23 de enero del 58. Ya íbamos aprendiendo el axioma fundamental: para hacer historia hay que pasar trabajo y ver escenas que después prefieres olvidar. 


 

Todo el culebrón escenificado alrededor de la caída del Gocho representó el fin de una era. Lo que se vio después, alguien dijo que se parecía mucho a la Alemania de los años 20-30: un presidente lleno de prestigio social pero demasiado viejo se debilita y deja en libertad a un exmilitar golpista que ha aumentado su popularidad en prisión y cuando sale de ella aparece como el ganador inevitable de las próximas elecciones. El resto, como dijo otro, es historia. 


 

Chávez no (sólo) es el cumplimiento de las peores pesadillas de los que preferirían ser europeos o gringos y no vivir en un país subdesarrollado como éste. El surgimiento de Chávez es el resultado de la abulia de la casta política que tomó el poder en el 58 y que después del Gocho no pudo volver a tener un líder popular. Y de la total ausencia de voluntad de poder de las izquierdas exquisitas, que son muy revolucionarias cuando la revolución ocurre en otra parte (mientras más lejos mejor), pero se achicopalan cuando suenan los tiros y rugen las masas enardecidas. Entonces aparecen como lo que son: burgueses blandengues y asustados. 


 

Entre 2005 más o menos y 2015, después de pasar los sustos de 2002-2004, vivimos una especie de retorno saudita, simbolizado por la proliferación de artefactos eléctricos y demás productos chinos. A partir de la muerte de Chávez, se cerró una trampa. Los enemigos del chavismo, tanto los desplazados como los blandengues, creyeron que Maduro era un pan comido, un mango bajito. En consecuencia, todos tuvimos que tragar arena bien gruesa mientras el hombre efectivamente maduraba y demostraba su valía. Si la historia la escriben los vencedores, habrá que ver entonces qué dirá la historia.


 

Mientras tanto, el año 2020 marca el fin de todas las eras anteriores y el doloroso nacimiento de la Nueva Normalidad. Los gobiernos y los entes financieros que los controlan están felices de tener a la gente encerrada por voluntad propia. En muchas partes, por cierto, hay levantamientos populares contra la cuarentena. El mundo ya cambió para siempre y va a seguir cambiando, sólo que cada vez más rápido. Ya viene el imperio de las criptomonedas, la inteligencia artificial de las cosas, el implante de chips… la evolución del Homo sapiens para convertirse en quién sabe qué… y Venezuela, de eso pueden estar seguros, volverá a ocupar el puesto que merece como una de las naciones más prósperas y pujantes del mundo. Antes, en el 74, nos faltó la ética, y ese endurecimiento sin perder la dulzura que sólo se adquiere pasando trabajo, enfrentando dificultades, nadando contra la corriente, inventando y/o errando. Algo habremos aprendido.