Saludos a mis fieles cuatro gatos lectores. Este material supuestamente va a ser publicado en otra parte, pero como tengo demasiado tiempo sin subir nada al blog, lo voy a poner o "postear", como dicen ahora. Por favor, no le digan a nadie que lo leyeron aquí.
RESEÑAS
ENTRELAZADAS – PEDRO LEONARDO GONZÁLEZ
1. UNIVERSOS
PARALELOS
Hay
otros mundos, pero están en éste.
Paul
Éluard
Siempre
me he inclinado a pensar que el mundo no tiene principio ni fin, que siempre
estuvo, está y estará ahí. Infinito y eterno. Para confirmar mis elucubraciones,
últimamente me reencontré con la metafísica de Spinoza: Dios es una ser
absolutamente infinito, una sustancia con infinitos atributos. Todo es Dios y
todo es en Dios. Dios es lo único que hay, y por lo tanto es idéntico a la
naturaleza. El mundo es una emanación (necesaria, no voluntaria, porque Dios es
libre de la voluntad) de esa única sustancia. De aquí se sigue que no hay
creador ni creación: Dios es la suma total del infinito universo natural que
existe eternamente por inmanencia. Y para mí, eternamente significa sin
principio ni fin.

Con
estas ideas rondando por mi mente, me tropecé en la (insidiosa pero siempre
interesante) página de BBC Mundo con una reseña del último libro de Michio
Kaku, físico teórico estadounidense de origen japonés, especialista en teoría
de cuerdas, además de futurólogo, divulgador científico y personalidad
mediática. El encabezado de esta entrevista-reseña me llamó inmediatamente la
atención: “Pensamos que la inteligencia es saber cosas, pero la esencia de la
inteligencia es ver el futuro”. Kaku le dice al periodista que, frente al
cerebro reptiliano, que gobierna los instintos más básicos, y al cerebro
primate, que maneja la socialización y las jerarquías, está el córtex
prefrontal, que es una máquina del tiempo, capaz de ver el futuro y
producir simulaciones que prefiguran el mañana. El nuevo libro de Kaku trata de
la computación cuántica, la cual promete dejar atrás las limitaciones del
modelo digital, que sólo permite elegir entre dos opciones, simbolizadas por el
cero y el uno. El modelo cuántico es no-binario, capaz de manejar simultáneamente
múltiples posibilidades, más allá de las aparentes contradicciones, porque su
ámbito es el interior de los átomos, donde las leyes del macrocosmos pierden
vigencia y básicamente nada es imposible.
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Michio Kaku
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Seducido
por las posibilidades filosóficas que se abrían ante mí, bajé de internet uno
de los libros de Kaku: Universos Paralelos. En el primer capítulo, me
encontré con esta cita de Chesterton que inmediatamente me atrapó: ‘El poeta
sólo pide meter la cabeza en el cielo. Es el lógico el que intenta meter el
cielo en su cabeza. Y es su cabeza la que estalla’. No está mal para empezar. Tenía
que seguir leyendo. Claro que quería meter la cabeza en el cielo.

Kaku,
nacido en EE.UU. pero con antepasados japoneses enraizados en las tradiciones
budistas, relata que en su infancia se encontró dividido entre dos nociones
cosmogónicas contradictorias: mientras que los budistas no reconocen la
existencia de un Dios creador, las historias de la Biblia, que le parecían más
vívidas y emocionantes, presentan un relato muy dramático sobre la creación del
mundo. Despertada su curiosidad, descubrió que hay dos tradiciones
contrapuestas en las mitologías religiosas del mundo: una que proponía un momento único en que Dios
creó el universo a partir de la nada, y otra en la que el universo siempre
existió y existirá.

La
ciencia física, a la que Kaku se dedicó desde muy joven, apoyada en la
interpretación de hechos confirmados por una panoplia de poderosos
instrumentos, nos ofrece una síntesis de ambas visiones cosmológicas. Quizás el
Génesis ocurre repetidamente en el océano intemporal del Nirvana. Nuevos
universos se forman como burbujas en agua hirviendo en el multiverso de un
Nirvana de once dimensiones. En este océano eterno se producen constantemente
cataclismos abrasadores que ahora llamamos big-bangs, creando innumerables
mundos paralelos con sus propias leyes y ciclos vitales. Y tal vez, cuando
nuestro propio universo envejezca y esté por morir, nos veamos obligados a
migrar a otro universo donde proseguir nuestras incansables especulaciones.
Universos
Paralelos es una obra de divulgación científica que nos muestra
cómo los pioneros de la física iniciaron con lápiz y papel, tiza y pizarrón, un
cuerpo de teorías aparentemente abstractas que llevaron al desarrollo de las
armas nucleares, demostrando a los regentes del mundo el terrible poder
encerrado en las interioridades de la materia. Del pizarrón se pasó a
ciclotrones y aceleradores de partículas de enormes dimensiones, que requieren
de inversiones multimillonarias que sólo las naciones más ricas pueden costearse.
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Niels Bohr y Albert Einstein
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En
esta historia participan centenares de personajes de lo más variados, desde
Galileo hasta Stephen Hawking. Pero desde luego, los grandes protagonistas son
Einstein, que revolucionó la visión del universo de Newton, y Niels Bohr, que
le demostró al mismísimo Einstein que, si a Dios le daba la gana, podía jugar a
los dados con el universo. La teoría cuántica, completamente desconcertante en
sus postulados, pero también completamente sólida y consistente como teoría, ya
está abriendo la posibilidad de nuevas tecnologías que prometen cambiar el
mundo tan profundamente como lo cambiaron gigantes como Galileo, Newton y
Einstein. El gran quebradero de cabeza de los físicos es hallar una teoría
unificada que finalmente conjugue el universo de Einstein con el de Niels Bohr.
Justamente nuestro autor Michio Kaku es uno de los que trabajan con mayor
ahínco en esta empresa.

En el universo cuántico, regido por el
principio de incertidumbre de Heisenberg, todo es posible. Incluso cosas
aparentemente tan estrambóticas como el viaje en el tiempo o a través de
universos paralelos son perfectamente concebibles. Fenómenos que desafían la
imaginación como los agujeros negros y los agujeros de gusano (definidos como
pasadizos espaciotemporales entre dos universos) han sido identificados
instrumentalmente. Una civilización de tipo III, capaz de utilizar la energía
de las galaxias, podría crear su propio agujero negro para escapar de su
universo cuando éste esté a punto de morir. Nuestra civilización ni siquiera
llega actualmente al tipo I, se estima que está a un nivel 0,7. Para llegar al
tipo I, tendríamos que controlar plenamente la energía de nuestro propio
planeta. Las de tipo II tienen poder sobre su estrella madre.

Para
concluir, quisiera hacer mención de la llamada Paradoja del Abuelo, que
involucra los viajes en el tiempo. Si uno viaja al pasado y asesina a sus
propios padres, entonces la propia existencia del viajero en el tiempo sería
imposible. Una de las posibles soluciones a esta paradoja sería la siguiente:
como el viajero en el tiempo ya existe, al asesinar a sus padres estaría
creando un universo paralelo. Digamos que alguien viaja al pasado y asesina al
padre de Hitler antes de que éste fuera concebido. Eso no destruiría el
universo donde Hitler ya existió e hizo lo que hizo. Pero el acto daría lugar a
un nuevo universo donde la existencia de Hitler sería imposible. Los universos
paralelos podrían compararse con infinitas capas que conforman una cebolla colosal
que sería el multiverso. Como diría Spinoza, un ser infinito que considerase
todo sub specie aeternitatis sería tan omnisciente que todas estas
realidades tan alejadas del sentido común no le causarían el menor asombro.
2. UNA
PIEDRA QUE RUEDA NO JUNTA MUSGO
Como a través de un agujero de
gusano, numerosos videos de YouTube nos permiten ver a los Rolling Stones desde
sus inicios, con Mick Jagger sacudiendo sus maracas y cantando Not Fade Away
en 1964, al lado de un Brian Jones soplando su armónica y luciendo su
impresionante tumusa rubia; hasta los octogenarios sobrevivientes de aquella
era en su gerontológica gira de 2024, interpretando una electrizante versión de
Miss You (un tema de 1978) seguida por una recreación del clásico Gimme
Shelter (de 1969). Alguna vez, hace 60 años, el rock ‘n’ roll fue la música
emblemática de la brecha generacional, pero el tiempo se paralizó y
simultáneamente siguió transcurriendo, y ahora vemos a Jagger con más arrugas
que el retrato de Dorian Gray, y a Keith Richards y Ron Wood como dos abuelos
venerables sacudiendo las caderas como si nada.

En YouTube también abundan los videos
nostálgicos que quieren reivindicar a Brian Jones como el héroe olvidado de un
paraíso perdido y víctima de las intrigas de Jagger y Richards para eliminar al
“verdadero” genio del grupo. Ciertamente Jones fue uno de los fundadores y, por
su famosa cabellera rubia, quizás la figura más llamativa en los inicios de la
banda. Luego se destacó por su versatilidad instrumental, añadiendo texturas
inesperadas con el uso del sitar, la marimba, el dulcémele, el melotrón, el
arpa o la flauta dulce. Pero ya a finales de 1967, era obvio que las drogas y sus
propias tendencias autodestructivas le habían pasado una factura impagable.

Otro video de YouTube pretende decidir
cuál es el mejor álbum en la historia del rock (que naturalmente sería de los
Stones). Esas comparaciones siempre son odiosas, pero la nostalgia y el paso
del tiempo de algún modo las justifican. Según este video en particular, el
mejor álbum de todos los tiempos sería Exile on Main Street, de 1972, el
único álbum doble que yo sepa que hicieron los Stones. Sin duda es muy bueno, y
me gusta mucho, pero decir que es el mejor de la historia puede ser un tanto
exagerado.

Bueno, yo opino que se puede hablar
del mejor álbum sólo en el sentido del que más te gusta. A mí personalmente el
que más me gusta es Beggars’ Banquet, el Banquete de los Mendigos, por
varias razones. Recapitulemos: es el año 1968. El año en que la moda de la
Revolución había sustituido a la moda de la Psicodelia. Lucy in the Sky with Diamonds quedaba atrás, ahora John Lennon cantaba Revolution.
En
el 67, los Beatles habían sacado su Sargento Pimienta y marcado el fin de una
era. En ese momento, los Stones todavía apenas podían aspirar a ser los
segundones. Su respuesta al Sargento Pimienta fue uno de sus álbumes más
decepcionantes, el de las Majestades Satánicas (ya el sólo nombre es bastante
ridículo… siempre en mi opinión). Al año siguiente, los Beatles sacan su famoso
álbum blanco, que, para mí, es su mejor obra. Los Stones sacaron también su
álbum blanco, pero ligeramente diferente.

No era minimalísticamente blanco como
el de los Beatles: tenía el título escrito en lo que antes llamábamos “letra de
carta”. La historia es que originalmente la carátula iba a ser una fotografía de
un baño todo sucio con grafitis. La disquera se opuso a esa excentricidad. Pero
lo mejor que hay en ese álbum es, desde luego, Sympathy for the Devil,
una de las grandes creaciones no sólo de los Stones, sino de esa era tan
prolífica en la producción de música influyente, inolvidable, histórica.
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Brian Jones con Jean Luc Godard
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Es muy interesante recordar que las
interminables sesiones de grabación de esta canción fueron filmadas nada menos
y nada más que por Jean Luc Godard, la vedette de la nouvelle vague, la
“nueva ola” del cine vanguardista francés. La filmación aparece en la película
que se llamó One plus one, aunque ahora todos la llaman Simpatía por el
Diablo. Es un verdadero documento que nos permite percibir los diferentes
cambios a que se sometió la pieza antes de alcanzar su magistral versión
definitiva. Empezó como una especie de gospel al estilo Bob Dylan y terminó
siendo una mezcla casi new age de samba con ritmos africanos guiados por
las congas. Keith Richards toca el bajo, uno de los grandes aciertos del tema,
junto con el desgarrador solo de guitarra. Además, en el film podemos ver cómo
se hizo el famoso coro infernal al final de la canción. Realmente memorable. Trasciende
el mero género del rock ‘n’ roll.

Por cierto, el resto de la película
de Godard, vista hoy en día, es insoportable. La estética que estaba de moda
entonces, que oscila entre panfleto maoísta auto-paródico y jueguitos burgueses
pseudo-surrealistas, nos pone a bostezar hoy día. Aunque el registro de la
metamorfosis de la canción la convierte en un documento invalorable.
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El coro infernal: ju-juuu
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Por otra parte, la filmación también
revela la decadencia definitiva de Brian Jones, que aparece totalmente relegado
en la sesión, blandiendo una guitarra que nunca se oye. Al final creo que le
dieron crédito por tocar las maracas. Poco después sería oficialmente despedido
del grupo y aparecería muerto en la piscina de su mansión.
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Taylor, Wood y Richards viajan por el tiempo
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Jones fue sustituido por Mick Taylor,
virtuoso guitarrista con cara de bebé. Pero no duró mucho tiempo: los Stones
dejaban atrás la experimentación musical y el jipismo para entrar en una era de
consumismo hedonista e hipercapitalista. Ronnie Wood, con su cara de malandro
libertino y su nariz de ave de presa, se adaptaba mucho mejor a esa nueva onda.
Por eso todavía sigue ahí.
En el lado del agujero de gusano
correspondiente a los años sesenta, era inconcebible un grupo de rock formado
por octogenarios. Pero del lado del siglo XXI, la arqueología musical se
despliega ante la nostalgia de las generaciones añejas y la curiosidad de los
jóvenes por ver unos viejitos dándole duro a esa cosa primitiva y vetusta que
llaman rockanrrol.
3. SE
MURIÓ PAUL AUSTER
Hace como un mes estaba en una tasca
compartiendo unas cervezas con unas amigas. Una de ellas presume de gran
lectora y le encanta sacar a relucir sus últimos descubrimientos literarios. Entonces,
a su manera un poco apabullante, empezó a hablar de Paul Auster y de sus
maravillosos cuentos y novelas. Incluso se había leído su obra 4, 3, 2, 1,
un libro de 800 páginas, que se apartaba radicalmente del usual estilo conciso
y más bien lacónico de este autor, y que a ella le había parecido fascinante.
En ese momento, yo la interrumpí (siempre he sido un aguafiestas) y le dije
algo que ella no sabía: Paul Auster acababa de morir.

A diferencia de mi amiga, creo que no
he leído realmente nada de este gran escritor niuyorquino, pero lo conozco y
admiro desde que vi una hermosísima película estrenada en 1995 llamada Smoke,
o sea, “Humo” (o tal vez, “Fumar”). También le llevo una ventaja a mi amiga en
otra área: todos los días leo el portal BBC Mundo, quizás el mayor vocero del
imperialismo británico en lengua española, pero también una excelente fuente de
noticias, reportajes y campañas mediáticas. Es bueno leerlo para estar al tanto
de las últimas intrigas del imperio anglo-sionista. Pero también trae muchas
otras cosas que valen la pena, para ser justos. Fue ahí que me enteré de la
muerte de Auster.

Mi amiga quedó sorprendidísima y no
podía creer la noticia. Yo le dije la verdad, que nunca había leído a Auster,
pero le recomendé la película, la cual seguramente vio esa misma noche. Debe
haberla disfrutado intensamente. Porque es una verdadera joya. Para empezar, el
papel del escritor Paul Auster, que en la película se llama Paul Benjamin, lo
interpreta uno de mis actores favoritos, el también fallecido William Hurt. Los
muertos como él seguramente habitan numerosos agujeros de gusano donde vuelven
a vivir y nunca mueren del todo. Como si fuera poco, el segundo rol protagónico
del film está a cargo de otro excelentísimo actor, Harvey Keitel.
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Keitel y Hurt
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No quiero hacer de spoiler
narrando el argumento de la película: prefiero recomendarla. Se encuentra,
claro está, en YouTube. Yo la vi doblada al español. Se trata de las
interacciones de varios personajes y sus historias, totalmente conmovedoras en
su cotidianidad. La acción transcurre alrededor de una tienda de artículos de
tabaco. No es precisamente un estanco o kiosco callejero, es más como La Casa
del Fumador, pero sin pretensiones de lujo. Lo que sí es un lujo son los
actores. Me faltaba mencionar otro, igualmente estupendo: Forrest Whitaker.
Aunque el director de la película es
Wayne Wang, se siente la mano de Paul Auster en los maravillosos y agudos
diálogos, que perfilan y dan vida e individualidad a los personajes. Todo el
tiempo hay una triste serenidad cruzada por momentos de humor y de profunda
tristeza poética, con el fondo urbano siempre presente de Brooklyn.
En particular, el final de la
película es quizás lo mejor de ella. Es una historia aparte, en sí misma, que
primero es narrada por el personaje de Keitel y luego recreada
cinematográficamente. Es conmovedora, pero sin caer jamás en el sentimentalismo
facilón. De hecho, yo diría que todo el tiempo hay un sereno contrapunteo entre
el cinismo urbano deshumanizador y la simple y común compasión, la amistad, el
perdón y todo lo que podríamos llamar “la bondad”.
Cuando logre vencer mi pereza, voy a
bajar de internet algunas obras de Auster. Me siento endeudado con él.