domingo, 6 de marzo de 2022

¿Qué blasfemias balbucea el bufón?

 


¿Cuál es tu teoría conspirativa favorita? Yo tengo varias. Sin ellas, nunca podría entender lo que está pasando. Un sano escepticismo me dice que es imposible conformarse con las versiones oficiales. Sin importar de qué lado vengan. Ya sabemos lo que dijo Voltaire (creo que fue él; palabra más, palabra menos): Dime a quién no te permiten criticar y te diré quién es tu dueño.

Después de la histeria colectiva de la cuarentena por COVID, el mundo que conocemos no hace más que acelerar su proceso de derrumbe (o tal vez de-construcción) y re-composición; o si prefieres, de análisis y síntesis, con resultados inesperados, nunca antes vistos. Ya estamos en el post-apocalipsis, el viejo mundo se acabó hace rato, seguimos penetrando traumáticamente el nuevo, y para terminar de hacerlo quizás necesitemos una fulminante purificación por el fuego.

Andrei Raevsky

Desde que Edward Bernays y sus secuaces consiguieran a principios del siglo XX que todo el mundo usara relojes de pulsera, que los gringos comieran tocineta en el desayuno y que las mujeres decentes fumaran como chimeneas, quedó evidenciado el poder de la propaganda, o manipulación del inconsciente colectivo de las masas para favorecer los intereses de los poderosos. Y el arte-ciencia de la manipulación siguió evolucionando hasta alcanzar su máximo esplendor en el siglo XXI: primero fue el show de las Torres Gemelas, que marcó la pauta durante las primeras décadas. Luego vino lo de la pandemia (algunos la llaman Plandemia), un evento cuidadosamente preparado por años que consiguió paralizar la economía mundial, empobreciendo y aterrorizando a las grandes mayorías, mientras las gigantescas corporaciones tecnológicas y farmacéuticas aumentaban exponencialmente su riqueza.

Alfredo Jalife

En un mundo que se polariza, se debe escuchar lo que dicen los dos (o tres o más) polos. Yo siempre leo la BBC para conocer la agenda imperial anglo-sionista. Para contrastarla, consulto algunas fuentes alternativas. Tengo mis héroes y campeones en la lucha contra la desinformación. Fui un gran seguidor de Walter Martínez. Ahora recomiendo ampliamente al analista mexicano Alfredo Jalife. Hay que seguir la geo-política, la geo-estrategia, la geo-historia, hasta alcanzar la geo-consciencia. Dado que la guerra es la continuación de la política por otros medios (y viceversa), es importante analizar los “acontecimientos en pleno desarrollo” como si fueran un juego de guerra. En ese sentido, para mí fue una revelación descubrir (hace ya varios años) el blog The Saker, del geo-analista ruso Andrei Raevsky. Yo lo leo en inglés, pero creo que apretando un botón se consiguen traducciones a diferentes idiomas.

Respecto al tema de la salud pública, mis fuentes alternativas me han revelado una historia totalmente espeluznante, que de paso confirma las sospechas que siempre había tenido al respecto. Se trata del SIDA, que desde los años 80 se convirtió en la gran amenaza, la espada de Damocles, el gran espantajo, la gran herramienta de manipulación. El propósito de la feroz campaña mediática desatada en torno al SIDA era, según parece, introducir el terrorismo en el campo de la sexualidad humana.

Tom Hanks 

Mis fuentes alternativas, siempre acusadas de propalar teorías conspirativas porque no aceptan el consenso impuesto por los sacrosantos expertos y autoridades “científicas” y académicas, me llevaron a descubrir un libro llamado “Inventando el virus VIH”, de Peter Duesberg. Este señor es un virólogo de muchísimo prestigio, con todos los doctorados del mundo y avalado por las universidades e institutos de investigación más famosos, que lleva años afirmando que todo lo que nos dicen sobre el SIDA, o bien es mentira, o ha sido mal interpretado y manipulado. Aunque no soy ni remotamente un conocedor del tema, me limitaré a hacer un breve resumen sobre las ideas que más llamaron mi atención al leer (una parte) de este libro.

Para empezar, las nociones de que el SIDA es UNA enfermedad “venérea” transmitida por un virus llamado VIH y que sólo puede curarse con tratamientos que emplean drogas muy tóxicas y costosas, son todas FALSAS. Los argumentos que sustentan esta atrevida aseveración constituyen la llamada “hipótesis de Duesberg”. Es interesante presentarlos uno por uno.


Para empezar, el SIDA no es una enfermedad, sino un síndrome que abarca al menos 30 enfermedades diferentes, incluyendo neumonía, tuberculosis y diversas infecciones microbianas, además del sarcoma de Kaposi, demencia, linfoma y otras de origen no microbiano. Lo único que permite asociar todas estas enfermedades bajo la etiqueta de SIDA es la presencia (o ausencia) de anticuerpos contra el VIH en la sangre de los pacientes. La hipótesis de que este virus en particular es el causante del SIDA sería el pilar que sostiene, en palabras de Duesberg, “el imperio global del SIDA”, la epidemia en cuyo combate se ha gastado más dinero en la historia de la medicina (al menos hasta la aparición del COVID), con resultados hasta ahora muy dudosos.

Nadie muere de SIDA, sino de una o varias de las 30 enfermedades asociadas. ¿De cuáles moriría el personaje que hace Tom Hanks en Philadelphia? Parece que de una afección pulmonar. Además tenía Kaposi, según recuerdo. ¿Y Freddie Mercury? ¿Y Michel Foucault?

Michel Foucault, hedonista

Las drogas como el AZT que se usan para matar al presunto virus “causante” del “SIDA” se aplicaban antes en la quimioterapia. Son drogas muy dañinas. El tratamiento contra el cáncer mata todo, a los malos y a los buenos. Pero si ahora resulta que el virus VIH es un microbio inocuo, uno más de los millones que pululan en el organismo humano, y que es totalmente pasivo e inofensivo, tendríamos que pasar bruscamente de las teorías conspirativas al método paranoico-crítico de Salvador Dalí.

El SIDA no es una enfermedad transmitida por un microbio. No es una especie de supergonorrea. Aparece como consecuencia de un estilo de vida que se puso muy de moda después de la proclamada “liberación sexual” de los años 70. Los únicos que realmente se liberaron fueron los homosexuales, que pusieron a valer su poderoso brazo político a principios de los 80. El movimiento gay conoció su esplendor y reforzó su prestigio cultural. Entonces, se popularizó un estilo de vida promiscuo, aderezado por el uso de drogas de todo tipo, sobre todo inhalantes afrodisíacos y drogas “duras” intravenosas. Trasnochos, excesos, días sin comer ni dormir, pésima alimentación, se hicieron habituales en medio de un hedonismo sexual globalizado.

Las estadísticas que muestra Duesberg parecen contundentes: del total registrado de pacientes con SIDA en EE.UU, el 90% son hombres, y de ellos, un 62% son homosexuales y 32% son usuarios de drogas intravenosas. Hemofílicos y pacientes que reciben transfusiones aparecen en un lejano tercer lugar. El síndrome parece confinarse a algunos grupos de riesgo. Pero en algún momento se montó una operación psicológica a nivel mundial que quería implantar la idea de que cualquier relación sexual implicaba un peligro de muerte. Si te acuestas con alguien, te acuestas con toda su historia, recuerdo que decía un anuncio difundido masivamente. O el cuento del tipo que se acostó con la tipa buenota y ésta le escribió después en el espejo del cuarto (con lápiz labial, desde luego) “Bienvenido al mundo del SIDA”. Teorías conspirativas…


Las investigaciones sobre el SIDA reciben desde hace 40 años un financiamiento colosal. El tratamiento basado en la teoría del VIH ha resultado ser un negocio fabuloso, y mucha gente teme perder su modus vivendi si se comprueba que dicho método se basa en una hipótesis falsa. De modo que Duesberg, uno de los grandes hombres de la virología mundial, cayó en desgracia y es descalificado por (casi) la unanimidad del establishment científico.

Lo que pasa es que un planteamiento que destruya el consenso aceptado por la generalidad tiene que ser respaldado por pruebas y evidencias abrumadoras. Y ni aun así hay garantías de que una idea que ponga en peligro las riquezas que algún estamento ha acumulado gracias a creer en la idea opuesta sea aceptada fácilmente.

Cambiando de tema, es muy reconfortante que por fin la guerra de Ucrania haya tumbado al COVID como titular de primera plana. Hoy, por primera vez en más de dos años, la BBC presenta siete u ocho historias sobre Ucrania antes de mostrar la primera sobre el COVID. Parece que, finalmente, éste pasará de moda. Será un gran alivio. Volveremos a tener clases presenciales. Dejaremos de estafar a los estudiantes. Entre otras cosas.

El último titular sobre el COVID fue la revuelta de los camioneros que ocuparon Ottawa, capital del Canadá. El así llamado “primer mundo” contempla boquiabierto el renacimiento del nazi-fascismo. Y ahora, lo de Ucrania. Lo primero que hay que decir es que no se debe tomar partido en esa guerra —ni en ninguna donde uno no se esté jugando la propia supervivencia. Ya no puede haber guerras como las que lanzaron Napoleón o Hitler. Hoy en día, una guerra contra Rusia por el dominio del centro de Eurasia implicaría el suicidio termonuclear de la humanidad. De modo que no es una opción para nadie.

Guarimba, Chacao 2014

Por otra parte, como dijo Sun Tzu, la guerra es la peor desgracia, pero si hay que pelear, entonces hay que pegar primero y ser veloz como el rayo. Putin, el gran ajedrecista, invade para “desmilitarizar y des-nazificar” Ucrania. Hay que decir que el actual gobierno de Ucrania nace a partir de la guarimba (o “revolución de color”) de 2014, desarrollada simultáneamente en Chacao/Baruta y en la plaza Maidán en Kiev. La guarimba criolla fue desinflándose gradualmente, pero la de Ucrania sí logró tumbar el gobierno. Imaginemos un gobierno formado por Leopoldo López y María Corina Machado y tendremos una idea de quiénes llegaron al poder después de aquellos desórdenes.

Aunque Leopoldo es señalado como fascista, yo creo que es demasiado niño-bien para ser un verdadero fascista, ya que estos suelen engendrarse en los arrabales más abyectos. Según mi interpretación, Leopoldo era visto en 2014 como un buen candidato a mártir (un tipo joven y buenmozo asesinado por una dictadura sanguinaria). Por eso lo querían matar, aprovechando su breve paso por la clandestinidad. Eso fue lo que el mismo Leopoldo dijo después de que se entregó.

Maidán, 2014

Mientras los neonazis de Chacao/Baruta parecen unos amateurs, en Ucrania existe un movimiento genuinamente fascista y de pura cepa desde los años 30. Durante la invasión alemana (nazi) de 1941, esta gente colaboró y cometió numerosas atrocidades. Es decir, hay una tradición fascista de 80 años, varias generaciones que sostienen la herencia de Stepan Bandera y se rapan el cráneo, se tatúan esvásticas y salen a buscar rusos para matarlos. Esta clase de gente se hizo con el poder, y se comprometieron a defender el ideario fascista “hasta el último ucraniano”, ya que, como sabemos, la OTAN no puede intervenir.

En conclusión, recomiendo aplicar uno de los métodos del escepticismo, la suspensión del juicio o epojé, cada vez que los medios masivos del imperio empiezan con su alharaca, porque eso revela que ha empezado una nueva operación psicológica. Aunque si nos hablan de teorías conspirativas descalificadas por los medios oficiales, ahí sí debemos escuchar atentamente. La conspiración QAnon, por ejemplo, no es tan descabellada como nos la quieren hacer ver BBC, CNN o la Deutsche Welle. Los líderes del imperio están metidos desde siempre en la trata de blancas y en las redes pedofílicas. Esto quedó en evidencia con el caso de Jeffrey Epstein, un escándalo que salpicó por igual a Trump, a Clinton y al príncipe Andrés, quien perdió sus privilegios aristocráticos en un Reino Unido que parece tan poco unido como los EE.UU.


Con la guerra de Ucrania, pienso que Putin ha empezado una partida de ajedrez con los gringos, y que tiene las mejores probabilidades de ganarla. El liderazgo ruso-chino parece tener objetivos estratégicos claros y una firmeza para lograrlos que va más allá de los discursos y la farandulería. Del lado de  Occidente, dan la impresión de que han perdido la brújula. Van y vienen, se contradicen unos con otros. Los alemanes, por ejemplo, mandan a cerrar la tubería por donde los rusos les pueden mandar gas más barato, y en pleno invierno. La explicación es que esa acción le conviene más a su protector, los EE.UU, que les ofrece el mismo gas pero más caro. ¿Cuánto tiempo puede sostenerse una paradoja semejante?

Recordemos también que, con la política de las sanciones económicas, ni siquiera pudieron tumbar al gobierno de Venezuela, que no se puede comparar con Rusia, una de las tres potencias hegemónicas, uno de los tres imperios que se disputan el mundo. China y Rusia fueron imperios. EE.UU es el heredero del imperio británico, el más extenso, sangriento y traicionero de la historia.

Estemos muy atentos. La guerra mediática puede ser la única que están ganando los gringos. El virus de la rusofobia pasa a ocupar el lugar del COVID en la “guerra cognitiva”. Los titiriteros del mundo ya han ensayado muchos trucos nuevos con la pandemia, y les han salido muy bien. La gente se acostumbró a tener miedo y obedecer. Eso es muy peligroso, aunque más peligroso aún es que se crean cualquier historia que les cuenten.